Julia Navarro – Escaño Cero – El mediador.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

La primera vez que me subí en un avión de Iberia tenía tres años. Era un viaje Paris-Madrid y no lo he olvidado. Desde entonces han sido innumerables las ocasiones en que he viajado en Iberia. En realidad, cuando subo a un avión de Iberia tengo la sensación de estar en casa. La verdad es que solo puedo decir cosas buenas de los profesionales de Iberia, precisamente por eso, porque son grandes profesionales, tanto los pilotos como la tripulación de cabina, me produce seguridad saber que cuentan con técnicos de primera que cuidan del hasta último tornillo del avión.

He viajado en otras compañías aéreas y puedo afirmar que Iberia no tiene que envidiar nada a ninguna, insisto en que sus profesionales son de primera. Si hago esta declaración de principios es a cuenta de la nueva huelga de Iberia. Todos los trabajadores de la compañía están secundando un paro para protestar por las medidas que viene tomando la dirección de Iberia y que sin duda van a mermar no solo la calidad de la compañía sino que van a poner en cuestión que Iberia continúe estando entre las «grandes».

Los datos son incontestables y desde que se produjo la fusión con la Britis Airways la compañía inglesa, que estaba bajo mínimos, ha salido a flote mientras que Iberia va de capa caída. La fusión ha resultado beneficiosa para la Britis pero no para Iberia.

Desde hace meses, los responsables de Iberia han anunciado un plan que, de llevarse a cabo, va a hacer de Iberia una compañía aérea de «segunda». La empresa viene alegando pérdidas, y la necesidad de reducir sueldos y plantilla, además de rutas, para ser competitivos. Lo cierto es que los trabajadores, desde los pilotos al resto del personal, vienen ofreciendo rebajarse sueldos, reducir costes, ajustarse cuanto sea necesario el cinturón pero todo encaminado a que Iberia continúe siendo lo que es. Pero toda esa buena voluntad no sirve de nada porque en realidad lo que se pretende es que Britis Airways se coma el trozo de tarta de Iberia y que la compañía española se convierta en una compañía de bajo costo y que haga rutas que no le convienen a la Britis.

La ministra Ana Pastor y el ministro Soria vienen instando a la dirección de Iberia a que negocie con los trabajadores y a que no olvide que Iberia es una enseña de nuestro país. Pero hasta ahora la dirección de Iberia viene haciendo caso omiso del Gobierno.

Ahora se ha nombrado a un mediador, don Gregorio Tudela, para que logre un acuerdo entre trabajadores y empresas. Lo sorprendente es que Willie Walsh, consejero-delegado de IAG, que así es como se llama la compañía resultante de la fusión de Britis e Iberia, ha dicho que a él le da lo mismo lo que diga el mediador, que se va a llevar a cabo el plan establecido guste o no. O sea, que el señor Walsh pasa mucho de lo que diga o haga el Gobierno español, él va a lo suyo, y lo suyo es que necesita reducir el tamaño de Iberia y obtener dinero para pagar las pensiones de los empleados de la Britis Airways, por que si no lo hace no le salen los números. O sea que desviste un santo para vestir a otro. Desde luego no va a ser fácil la mediación de Gregorio Tudela visto que el consejero-delegado de IAG ha mostrado a las claras su desprecio por esa mediación que ya ha dicho que no va a aceptar los resultados.

He escrito otros artículos destacando como la ministra Pastor y el ministro Soria están haciendo cuanto pueden por salvar Iberia, pero también tengo que decir que les falta lo fundamental y es hacer valer que en estos momentos el Estado, a través de Bankia, es el principal accionista de Iberia. Tienen pues en sus manos el futuro de la compañía española y es hora de que hagan valer que tienen la sartén por el mango, si no lo hacen entonces tendremos que convenir que sus declaraciones son solo cantos de sirena. Si quieren pueden evitar el desmantelamiento de Iberia. Pues eso.

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