Julia Navarro – Escaño Cero – Punto de cruz.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Hace unos días, Toni Cantó, diputado por UPyD, metió la pata al afirmar en twiter que la mayoría de las denuncias contra la violencia de género son falsas. Casi inmediatamente, Cantó pidió disculpas alegando que le habían suministrado datos equivocados. Desde entonces no ha parado de ir por los «platós» de televisión y las emisoras de radio entonando el mea culpa. Desde los bancos del PSOE, incluso más que desde los de IU, se ha cuestionado con enorme virulencia al diputado de UPyD.

Ahora, un dirigente del PSOE, el secretario de Organización de los socialistas de Huelva, Jesús Ferrera, ha arremetido contra la ministra Fátima Bañez diciendo que como es un desastre como ministra mejor estaría en su casa haciendo punto de cruz. El comentario es intolerable por machista.

Verán, me parece evidente que la gestión de la señora Bañez al frente del Ministerio de Trabajo es lisa y llanamente mala. Es la ministra del paro, la ministra que hasta ahora ha sido incapaz de ofrecer soluciones para parar la sangría del desempleo. Además, Fátima Bañez tiene un estilo político agresivo y faltón, no sé si fruto de su inseguridad, pero el caso es que cuando se sube a la tribuna del Congreso más que desgranar argumentos desgrana ataques contra la oposición que la interpela. Cinco millones de parados son razón suficiente para señalar el fracaso de la ministra si es que ella fuera la única responsable, que evidentemente no lo es. De manera que pedir la dimisión de la ministra me parece que entra dentro de lo normal y a nadie debe de escandalizar que la oposición juzgue con dureza a la titular de Trabajo. Pero una cosa es la crítica política y otra el ramalazo machista de Jesús Ferrera. El colmo es que el señor Ferrera ni siquiera ha pedido perdón, sino que simplemente «lamenta» si sus palabras han podido ofender a la ministra. Yo le diría al señor Ferrera que sus palabras son una ofensa para todas las mujeres y que no solo debería de pedir perdón sino que los responsables de su partido con Pérez Rubalcaba en cabeza deberían de haberle reconvenido públicamente y haber manifestado su oposición y escándalo porque uno de los suyos mande a una mujer a casa a hacer punto de cruz.

Sería un ejercicio de equidad que los mismos y las mismas que no han parado de pedir la «quema» pública de Toni Cantó por haber patinado fueran igual de consecuentes con Jesús Ferrera.

Hace unos meses, un concejal de IU en Manilva, Diego Díaz, se atrevió a decir que María Dolores de Cospedal «no está malota sexualmente», lo que le supuso una bronca por parte de Cayo Lara que inmediatamente afeó las palabras de su concejal.

Pero ni a Ferrera ni a Díaz nadie les ha pedido que dejen el cargo ni se les ha hecho un proceso público como a Cantó. E insisto, lo de Toni Cantó no tiene un pase, es decir sus afirmaciones fueron de tal gravedad que son inadmisibles, pero no puede haber dos varas de medir, una para la gente que milita en la izquierda y tiene comportamientos machistas y otra para los demás. No se puede ser feminista para unas cosas y guardar un silencio cómplice en otras.

Mandar a una mujer a casa a hacer punto de cruz define a quién hace tal petición. A Ferrera le ha traicionado el inconsciente y para él parece que lo normal es que las mujeres estén en casa cosiendo.

Ya digo que en mi opinión la gestión de Fátima Bañez deja mucho que desear pero mandarla a casa a coser deja en evidencia a quién lo pide por machista. Es curioso, pero nunca he escuchado a ningún líder de la izquierda mandar a un ministro de la derecha a hacer punto de cruz.

Al señor Ferrera se le debería de caer la cara de vergüenza.

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