Rafael Martínez-Simancas – Sin etiqueta – Agente secreto.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Menos mal que aquí somos todos muy honrados porque en otro caso cualquiera diría que han robado treinta mil correos electrónicos del caso «Nóos» para chantajear a alguien. Menos mal que vivimos tiempos de «Anacleto agente secreto» porque de esa manera se anima la información y el personal hace unas risas de café que tan oportunas resultan. En vez de pan y circo nos dan correos y CNI; nada menos que treinta mil correos en los que meter la nariz con el riesgo de salir intoxicado por la pestilencia.

El caso del supuesto agente del CNI que no fue tal porque el Ministro de Defensa aclara que «solo» trabajó para el centro de inteligencia; es decir que era un fijo discontinuo contratado en sus ratos libres. Si uno va con la foto de Matías Bevilacqua al portero del CNI no sabrá decirle quién es porque no admitirá haberlo visto en su vida. El portero del CNI es como el portero de la casa de Bárcenas: todo el día sacando brillo a las cosas que interesan pero que callan por discreción. Según Morenés cuando en «la casa» aprendieron las técnicas de Matías Bevilacqua le pusieron en la calle (este señor para ser discípulo de Anacleto debería saber que los espías acaban contigo de dos maneras: o cuando sabes demasiado, o cuando dejas de tener interés, y en ambos casos la despedida es sin fiesta, sin globos y sin insignia de oro y diamantes).

El asunto es tan turbio que en una información se puede leer que Bevilacqua robó los treinta mil correos electrónicos del «despecho de Matías Tejero», (familia política de Diego Torres. Si se han perdido no me extraña porque un negocio que está por crearse es la venta de mapas de la corrupción en España: desde Cachuli al Duque de Palma). Pero si añadimos el término despecho entonces sabremos el nivel de corruptela. El despecho es muy propio de la copla y en las letras de Quintero, León y Quiroga quedó todo atado y bien atado.

Con estas lluvias han aparecido agentes del CNI como setas, desde esta señora que reside en Montecarlo y presume de leal y discreta al contratado Bevilacqua. Resulta hermoso comprobar que hay mas gente trabajando en la tramoya que delante del escenario, pero también inquieta: a ver si le hemos pagado el finiquito a Bevilacqua de manera simulada y en diferido. El tipo ha tenido suerte de ser espía en la época del pen-drive porque treinta mil correos en papel ocupan una furgoneta entera. Caso de acabar ante el juez podrá decir en su defensa que por cosa tan pequeña como un pen-drive no merece la pena abrir diligencias, es muy poca cosa, tiene un tamaño mínimo, no son las Tablas de Moisés. También puede decir que actuó por «despecho» y olé.

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