Rosa Villacastín – El Abanico – Corinna: ¿por qué no te callas?


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Es evidente que cuando la Princesa Corinna dice: «No tengo ningún deseo de ser una celebridad», está mintiendo. Su irrupción pública a través de unas declaraciones en el Diario El Mundo y en la revista ¡Hola!, y posteriormente en «Paris Match» desmienten sus propias palabras y ponen de manifiesto que es una mujer a la que no se le puede apartar de los centros de poder -en este caso de su cercanía con el Rey Juan Carlos-, sin sopesar las consecuencias, que como estamos comprobando están siendo demoledoras para la imagen de la Monarquía, y por tanto para el propio Rey Juan Carlos.

Me dicen quienes la conocen bien que si Corinna ha decidido dar ese paso es porque no soporta que se la ningunee, que sus poderosos amigos piensen que ha tenido que salir por la puerta de atrás, en un momento en que creía tener todas las cartas de la baraja controladas. De ahí su rabia, sus ansias de venganza, su puesta en escena, sus estudiadas fotos -realizadas por una de sus más íntimas amigas, la prestigiosa fotógrafa Vanesa Von Zitzewitz-, sus respuestas milimétricas y sus veladas amenazas a quienes se atrevan a cuestionar su papel en España. Amenazas que tienen un claro destinatario, el propio Rey, y aquellos que permitieron que esta señora desempeñara un papel protagonista que en modo alguno le correspondía.

Siendo los españoles bastante condescendientes con los pecados de cintura para abajo, lo cierto es que la crisis, los recortes, las dificultades de la gente para sobrevivir, nos han vuelto más exigentes con quienes ocupan puestos de responsabilidad, sean quienes sean, y ocupen el pedestal que ocupen. De ahí la sorpresa y la crítica, algo que estoy segura ha cogido desprevenido al propio Rey Juan Carlos, acostumbrado como estaba al silencio de la prensa en cuestiones sentimentales.

Un silencio que nada tiene que ver con actitudes cortesanas, y sí con el respeto a la vida privada de un monarca que tiene en su haber grandes logros, el principal haber sido el artífice de que la democracia se instaurara en España y de que no triunfara el golpe del 23F. Dicho esto, al Jefe del Estado, a los políticos, a los representantes públicos, hay que exigirles que sean responsables de sus actos, y eviten que con el dinero público se paguen servicios privados, o que situaciones como ésta se repitan, por el bien de las instituciones y de su propio futuro.

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