Victoria Lafora – La lógica de lo ilógico.


MADRID, 09 (OTR/PRESS)

Si, con los datos recibidos de la Unidad de Delincuencia Económica y Financiera, el juez Ruz ha decidido asumir el «caso Bárcenas», abrir un auto separado y pedir a la fiscalía anticorrupción que abandone las pesquisas, es porque ha visto conexiones entre los famosos papeles de El País y la contabilidad de Gürtel. Concretamente, el magistrado de la Audiencia Nacional concluye que «existe una vinculación temporal, cuantitativa y subjetiva que permite inferir una correlación entre ambas anotaciones».

Y esta decisión del juez Ruz no se hace sobre la base de unos documentos originales, sino de las mismas fotocopias que publicó El País el domingo tres de febrero y por las que el Partido Popular se ha querellado contra el rotativo y, muy indirectamente, contra el supuesto autor de las mismas. En realidad, lo que ha hecho el PP es interponer una demanda civil por vulneración del derecho al honor contra la empresa editora de El País y contra «el autor de los falsos papeles publicados que, según dicho medio de comunicación es Luis Bárcenas, aunque él lo haya negado públicamente…»

Pues bien, visto lo visto, ¿no sería más lógico, por parte del PP, haber ido corriendo al juzgado para retirar la demanda contra el mensajero e interponer, de una vez por todas, una querella criminal contra su ex tesorero? Porque, esos papeles apócrifos, «sombra de la sombra de un indicio manipulado» -como los denominó Mariano Rajoy- han sido acogidos como prueba posible por el magistrado Ruz y ahí están, formando parte de la instrucción.

Pero parece ser que la lógica brilla por su ausencia en toda esta comedia bufa que está representando día tras día el partido del Gobierno. Al menos la lógica del común de los mortales, porque la del PP parece que responde a otros parámetros; a una especie de lógica de lo ilógico con la que no deja de sorprender a una ciudadanía cada día mas atónita y más cabreada.

Y hasta tal punto se enreda y agiganta el ovillo de disparates y mentiras con que tratan de tejer sus estrategias que apenas pueden disimular ya sus divisiones internas y sus enfrentamientos. De un lado quienes están supuestamente presos del miedo a que la verdad aflore, caiga quien caiga, y del otro los que se han visto metidos en una historia con la que tienen muy poco o nada que ver. Y el problema es que, cuando los dos grupos tratan de llegar a un acuerdo, maquinar una apaño, poner un parche, les sale tan mal como su demanda contra El País. ¿Y Rajoy donde está?

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