Carlos Carnicero – El Papa Francisco y la dictadura argentina.


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Argentina es hoy tierra de fobias; no hay capacidad de entendimiento entre el poder y una oposición disociada, sin liderazgo ni proyecto.

En ese universo, ser «anti K» o «pro Cristina» establece un blindaje intraspasable. La subordinación a uno de los bandos en donde está dividida la Argentina impide matices y tonalidades; todo es blanco o negro.

El Papa Francisco no está excluido de esta trituradora socio política. Muchos militantes «K» no le perdonan al Cardenal, Arzobispo de Buenos Aires, sus proclamas y homilías contra el matrimonio de personas del mismo sexo, formulado por el actual Papa en forma muy rotunda y extremada. Esos episodios constituyeron la fase álgida del enfrentamiento del cardenal, primero con Néstor Kirchner y ahora con la presidenta Cristina. ¿Alguien conoce un Cardenal de cualquier latitud que no haya desafiado la institucionalización del matrimonio Gay?

En cuanto salió la fumata blanca aparecieron las primeras incriminaciones sobre la presunta vinculación del Papa Francisco con la brutal dictadura argentina. La respuesta del Vaticano, cuarenta y ocho horas después de la elección del Papa, debiera zanjar el asunto. No hay ninguna constancia formal de esa presunta vinculación, que se remite a la detención y tortura de dos jesuitas durante la dictadura. Y la pretensión de que el entonces superior de los jesuitas en Argentina no hizo lo que pudo hacer por aliviar la suerte de los presos torturados.

Por el contrario, en las últimas horas han aparecido testimonios de gestiones hechas en aquella época por el actual Papa en defensa de personas perseguidas por los milicos.

Personalmente me llama la atención el eco que han tenido en España esas acusaciones. En un país en el que el Rey, luego legitimado por la Constitución, fue designado por el dictador Franco, somos especialistas en análisis de la pureza de sangre en las vinculaciones con las dictaduras de otros países. Un cedazo, el que se aplica a otras realidades, que no pasarían muchos de quienes han ocupado posiciones de poder, en la Iglesia, en los partidos y en las instituciones, en los últimos treinta años.

Los aspectos progresistas y democráticos de las conductas del Cardenal Jorge María Bergoglio son mucho más rotundos que las sospechas que se siembran sobre él. Y quienes apuestan por una renovación de la Iglesia, debieran hacerlo desde el margen de lo posible, o conformarse con una tradición a la que le cuesta mucho renovarse.

Los primeros síntomas del reinado de Bergoglio son esperanzadores para la evolución de la Iglesia al entendimiento de los más humildes. Y la influencia en Latinoamérica del papa jesuita, bien merecería un margen de confianza para el Papa Francisco. Sobre todo si observamos la realidad de la conservadora Iglesia española.

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