Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Un Gobierno que va a por tod@s.


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Mire usted que han pasado cosas a lo largo y ancho de esta semana que concluye. Pues yo, en el ámbito nacional -es decir, dejando aparte el «boom» mediático de la elección del Papa Francisco-, me quedaría con la decisión del ministro de Hacienda de investigar a esas fallas valencianas, una de las cuales representa al señor Montoro como el cobrador del frac con facciones algo vampirescas. «Este Gobierno no va a por todas», comentaba un amigo en Valencia; «va a por todos».

Me da la impresión de que la política recaudatoria de Don Cristóbal Montoro, ministro quemado donde los haya en un Gobierno en general bastante chamuscado, no le está sirviendo para hacer amigos, lo cual, en un ministro de Hacienda, es más bien meritorio. Pero convertirse, da la impresión de que porque sí, sin más, en el antipático de la fiesta (la fallera en este caso; antes pasaron por la lupa y el descrédito público artistas, deportistas, tertulianos radiofónicos…), podría no estar tan justificado. Sobre todo, en el país de las, ejem, irregularidades fiscales a gran escala perdonadas y amnistiadas en el mayor de los silencios y en la opacidad de los pasteleos bajo cuerda.

Una política hacendística como Dios -y el Papa Francisco_ mandan, la hagan desde la derecha o desde la izquierda, supone, y más en tiempos de crisis, un intento de acercamiento entre los extremos de la sociedad, procurar una mayor justicia social. No estoy seguro de que la ciudadanía perciba que las cosas se están haciendo en esta dirección. Y la denuncia de posibles o probables infracciones fiscales de algunos -algunos, señor Montoro: los menos, sin duda_ famosos, o del famoseo, no vale para paliar la inquietud que muchos puedan tener. En el sentido de que acaso las cosas, en la microeconomía que afecta a su bolsillo de usted y al mío, no se están haciendo como es debido, digan lo que digan los «cabezas de huevo» de la UE, que tampoco es que merezcan diplomas, precisamente.

Ya sé que no es este un Gobierno muy confesional -ni falta que le hace, por supuesto-, pero estoy seguro de que podría aprender algo de las técnicas del nuevo Pontífice para caer bien a la mayoría. Que es justo lo contrario de lo que está haciendo este Ejecutivo, fiado quizá en que no hay elecciones hasta dentro de muchos meses y en que el principal partido de la oposición está aún bajo mínimos más mínimos, valga la horrible redundancia. Siento decirlo, pero la primera obligación de un Gobierno, de cualquier Gobierno, es resultar simpático a la ciudadanía que le elige y le paga. Sí, señor Montoro, y le paga.

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