Francisco. El Papa de la Iglesia pobre y para los pobres.

Llegó de lejos, de los confines del mundo, de donde andan al revés en esto de las estaciones; del Buenos Aires de los alfajores y de Gardel. Podía ser un Celestino, un Pío, un Juan, o cualquier otro nombre de los grabados en la lista de la historia de los papas. También sobre esto se habían hecho quinielas, pero la realidad vino a decirnos que más vale que nos dediquemos a lo nuestro porque como arúspices tenemos poco futuro. No hemos dado ni una. El Espíritu Santo debió pasárselo bomba mientras los periodistas preparábamos perfiles y diseñábamos papables a nuestra medida. Que si tiene que ser joven; que si mejor norteamericano; que por qué no un papa negro o un asiático… Por unos días, incluso nos sentimos medio asesores del Paráclito. ¡Qué ilusos! El “betadine” debe estar agotado después de tantas curas de humildad. Y aunque por unas horas fue Francisco I, es simplemente Francisco, Papa Francisco. ¡Qué bien suena! En nuestro afán por conocer la causa primera de las cosas, escudriñamos y hasta nos permitimos hacer analogías sobre el porqué de un nombre tan importante en el santoral católico. El nombre Francisco en nuestra hagiografía conjuga cualidades excelsas que el nuevo Papa quiere tener presentes. San Francisco de Asís simboliza la pobreza, la austeridad y el sufrimiento de la Cruz a través de los estigmas recibidos del arcángel San Miguel en el monte La Verna. San Francisco Javier, jesuita como él, a quien el fundador san Ignacio envió a misionar en Oriente, es el ejemplo del espíritu evangelizador que debe reinar en todo buen cristiano. San Francisco de Borja simboliza la renuncia al lujo y al poder, pues de familia noble, íntimo amigo de Felipe II, no dudó en abandonar todo para ingresar en la Compañía de Jesús. Y no hay que olvidar a san Francisco de Sales, otro símbolo de austeridad, comunicación, paciencia y organización. Por lo que vamos conociendo, todas estas virtudes encarnadas en los santos Francisco conforman la personalidad del nuevo Papa. Sin embargo, fue el “poverello” de Asís quien inspiró la adopción del nombre, a través de su amigo el cardenal Claudio Humes. Sentado a su lado, cuando el escrutinio llegó a los dos tercios y estalló el aplauso, le abrazó y le dijo que no se olvidase de los pobres. En los momentos siguientes pensó en todos los desprotegidos ¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres! Y también pensó en las guerras. Nadie mejor que Francisco de Asís para representar la pobreza, la austeridad y la paz. Lo reveló hoy en la audiencia a los periodistas congregados en el aula Paulo VI. Nunca se aplaude en una rueda de prensa, pero sí en esta ocasión. Se los metió en el bolsillo, y eso que no es carismático. ¡Cómo nos gusta etiquetarlo todo!

Si los pequeños detalles son el exponente de hechos de mayor calado, los que se van publicando de Su Santidad están consolidando un perfil sólido del Pescador que debe conducir la barca de Pedro en esta noche oscura por el mar proceloso del secularismo y el relativismo moral. Él mismo pagó la minuta del hotel donde se alojó en el Vaticano. También cambió sus estolas y crucifijos lujosos por otros más sencillos. El coche oficial parece que no le hace tilín, aunque, por seguridad, tendrá que utilizarlo a su pesar. Sugerir a través del nuncio argentino que no viajasen a su entronización y que dedicasen el dinero del pasaje a obras de caridad, es todo un hito que anuncia tiempos nuevos. El pueblo liso y llano gusta de estas manifestaciones, como también que ande en “colectivo” y utilice el “subte” como llaman los argentinos al autobús y al metro. Tiene fama de ser puro y transparente, de andar con los zapatos gastados de tanto visitar las “villas miseria”, como se denominan en Argentina las barriadas pobres. Esto lo asemeja al Jesús del Evangelio, que predicaba entre multitudes de pobres en busca de un mundo más justo. Son pequeños guiños que dejan al descubierto un universo de proposiciones más ambiciosas. El reto de la Nueva Evangelización será a buen seguro el surtidor más visible de este campo de flores que languidecen por la escasez del agua de la fe.

El acontecer de los primeros días está siendo seguido en todo el orbe con emoción y esperanza. Dicen que es el personaje del momento; todos los ojos están puestos en él y las pinceladas que se van trazando en el óleo son motivo de gozo. A pesar de los brochazos oscuros con los que algunos sectores de la izquierda montonera pretenden embadurnar su trayectoria haciéndolo cómplice de la dictadura de la Junta Militar. Este tema, que incluye los casos de los jesuitas Dorio y Jalics, detenidos y torturados, abordado hace años por el periodista Horacio Verbistky, no enturbiarán la hoja de servicio de este servidor de Dios, obligado a bregar con situaciones político-sociales difíciles, comparables a las vividas por los ministros de Dios alemanes durante el Tercer Reich.

La sociedad católica sabe que en la silla de Pedro se asienta un gran pastor con vocación de entrega, cercano a los pobres, conocedor de la realidad de los desheredados, organizador, de gran fe, dispuesto a salir en busca de las ovejas descarriadas y cargarlas sobre su hombro hasta devolverlas al redil. Sabe que tiene que salvarlas a todas y está dispuesto a hacerlo. No quiere una Iglesia de sacristía sino abierta al mundo, con los laicos haciendo su papel de evangelizadores. Y aunque no destaque en latines y teologías, y a pesar de ser definido como de “perfil bajo”, sin duda es el Papa de los nuevos tiempos, y auguramos reformas importantes. No en el sentido que algunos desearían, sobre todo los que no pertenecen a la Iglesia, ni conocen su esencia. A ellos hay que decirles que sus esperanzas de que el catolicismo se vaya a convertir en una especie de club del vale todo a golpe de modernidad para ir con los tiempos, no van a ver su fruto. Ni ahora ni nunca. Ni con este Papa ni con ninguno. De Francisco valoramos además su arrojo a la hora de defender la vida sin excepciones. Su lucha contra la eutanasia, el aborto y el matrimonio homosexual lo ha llevado a enfrentarse a la presidenta Kirchner, que ve en la antropología cristiana una reminiscencia medieval. El recién elegido para ocupar la cátedra vaticana no le teme al fantasma de la impopularidad de los titulares al aludir a la “movida del diablo”. Ojalá que esa valentía produzca el efecto contagio y todos a una defendamos el sentido recto y objetivo de las cosas, frente al secularismo y el relativismo de una sociedad que agoniza por la pérdida de valores. Bienvenido Francisco. Bienvenido el Papa de la Iglesia pobre.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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