Fernando Jáuregui – No te va a gustar – El mal trago del general y otras ausencias.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Resulta paradójico, ciertamente, que, con la cantidad de gentes a las que pagamos para que comparezcan para informar al ciudadano común ante situaciones complicadas, el único que tenga que acudir para ofrecer más o menos creíbles explicaciones sea precisamente quien está ahí para no hacerlo, es decir, el guardián de los secretos oficiales, el jefe de los servicios de Inteligencia, general Félix Sanz Roldán. Menudo papelón el que tuvo que hacer el director del CNI esquivando preguntas incómodas sobre la «princesa» Corinna, sobre el espionaje ilegal de Método3, sobre los correos de Diego Torres -en cuya filtración participó un ex de «la Casa»-, sobre si Josu Ternera está o no controlado por «los servicios», sobre los «papeles de Bárcenas».

Compadecí muy sinceramente al general, obligado por su cargo a informar en sesión teóricamente secreta a Sus Señorías de la comisión de secretos oficiales del Congreso, y forzado, en razón de su misión, a mantener opaco lo que, en función de eso que se llama razón de Estado, entienden él y sus superiores que ha de permanecer opaco. Un buen lío para un militar digno que ha logrado prestigiar unos servicios «de espionaje» que se habían degradado no poco con su antecesor, y que ahora corren el peligro de volver al desprestigio.

Lo increíble de esta situación indeseable es que jamás comparezcan ante los medios, que son los intermediarios con la ciudadanía, quienes, lógicamente, habrían de hacerlo ante revelaciones que les afectan a ellos o a las instituciones a las que representan. Y, así, nadie acudió oficialmente a comentar, poniendo voz al Partido Popular, las insinuaciones de que el extesorero Luis Bárcenas habría sido espiado por cuenta del PP. Y todavía queremos escuchar lo que el entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, hoy embajador en Londres, tiene que decir ante ese vídeo en el que unos soldados golpean a un detenido en Irak cuando él encabezaba el Departamento. De la misma manera que entendemos que el ministro de Exteriores debería haber aparecido para confirmar o desmentir personalmente -no a través de una nota de prensa- si la «amiga entrañable» del Rey recibió algún encargo del Gobierno para mediar ante las autoridades de Abu Dhabi, cosa que él previamente había negado. Y tampoco nos hubiera importado que persona de relevancia en la estructura económica del Ejecutivo hubiera salido, en tiempo y forma, a frenar inquietudes sobre un posible «contagio chipriota».

Podría seguir así largo rato, incluyendo recuerdos a lo que ocurría igualmente en gobiernos anteriores, de signo diferente al actual; que nadie piense que ejerzo mi crítica exclusivamente sobre los actuales gobernantes, dejando incólumes a los anteriores, y a los anteriores de los anteriores, y a… Se trata, en el fondo, de una filosofía sobre cómo ejercer el poder frente a los súbditos, no para con los ciudadanos, con participación de los mismos. Me parece que, ante la quiebra de las instituciones que tanta falta de transparencia propicia, es preciso, nada más y nada menos, cambiar la forma de gobernar. Y que no puedan producirse más ejemplos de «ausencias» como los que antes más arriba he descrito.

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