Antonio Casado – La insumisión chipriota.


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

La responsabilidad entre dirigentes y dirigidos no fue la misma en el desencadenamiento de la crisis económica. Quienes siempre sostuvimos esa tesis ahora tenemos mucho más fácil invocar la parábola de David y Goliat para aproximarnos al caso de Chipre, donde ciudadanos e instituciones se han plantado ante las intenciones parcialmente «confiscatorias» del dinero que los chipriotas guardan en sus bancos.

Más difícil lo tienen quienes manejaron con mucha soltura el argumento de la culpa de la crisis fue de todos, gobernantes y gobernados, banqueros y depositantes. La lógica debería llevarles a justificar el sacrificio que la Unión Europea ha pedido a los ciudadanos de este pequeño país, en función de las cantidades depositadas. La petición se ha saldado con un sonoro revés, como acabamos de ver con la votación del martes pasado en el Parlamento chipriota, al quedar rechazadas las condiciones del rescate pactadas con nocturnidad y alevosía, en fin de semana y con los bancos cerrados.

Pactadas entre las autoridades de la UE y el recién elegido primer ministro del país, Nikos Anastasiades, se entiende. Pero ni los diputados de apoyo al Gobierno de éste, que se abstuvieron, pasaron por el aro. Algo que quienes no compartimos la tesis de que tanto los de arriba como los de abajo somos responsables nos podemos permitir ver como un brote verde en el seno de la ciudadanía europea. La bofetada de los chipriotas a los ingenieros de las finanzas europeas demuestra que esa ciudadanía no está tan anestesiada como parecía. Es capaz de reaccionar ante decisiones que hacen más débiles a los débiles e imponen sacrificios sin cuento a las clases medias del Viejo Continente.

No debemos quedarnos ahí. Mientras aplaudimos este amago de insumisión en el seno del club de la UE, se nos puede venir encima un rosario de malas noticias. Todas las que se derivan del llamado efecto contagio que, si no se controlan adecuadamente, volverían a poner al borde del abismo a los países económica y financieramente más vulnerables. España, sin ir más lejos. Una de esas malas noticias, la peor, es que cunda la sensación de que nuestros ahorros no están bien protegido en los bancos, por su exposición a cualquier ocurrencia de Bruselas, como la que han tenido para Chipre, de destinar una parte del dinero de los ahorradores a sacar al país del agujero.

Los liberales de ducha diaria replican al papa Francisco cuando dice que «el dinero tiene patria» con el mantra de que «el dinero tiene dueño». Es más riguroso hablar de principios atropellados por hacer las cosas tan mal como se han hecho en este caso, al dictado del FMI y la canciller alemana, Angela Merkel, que ya está de campaña. Me refiero a la seguridad jurídica, la libre circulación de capitales y la protección institucional de los depósitos bancarios. Algo más que el concepto grueso de «operación confiscatoria». No es tan simple.

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