Fermín Bocos – Los Pujol en los tribunales.


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Del «caso Banca Catalana» al de las ITV media una generación pero la familia más importante de la política catalana sigue siendo carne de crónica judicial. En su día, Jordi Pujol fue exonerado de responsabilidad en el caso de la quiebra de Banca Catalana, una entidad diseñada como escabel financiero sobre el que apoyar la «construcción nacional» del proyecto político secesionista que alentaba en Convergencia Democrática de Cataluña. Cuando la justicia llamó a su puerta, Jordi Pujol que por aquél entonces ya era presidente de la «Generalitat», salió al balcón del Palacio de San Jordi para proclamar su inocencia y acusar al Gobierno de Felipe González de «haber hecho una jugada indigna».

El juez dio carpetazo al asunto en contra de la opinión de los fiscales del caso (Mena y Villarejo) y Pujol siguió al frente de la Generalitat durante muchos años llegando, incluso, a ser socio parlamentario del mismo Gobierno socialista al que había acusado de querer destruirle políticamente.

Treinta años después, la historia se repite. No como farsa, porque la acusación del fiscal contra Oriol Pujol-hijo y secretario general de CDC, el partido fundado por su padre es seria: tráfico de influencias como presunto organizador de una trama corrupta, pero quiero que se entienda la expresión, en términos comparativos, que no tiene color. Se trata de un presunto chanchullo ideado alrededor de unas concesiones de la Inspección Técnica de Vehículos para favorecer a un par de amigos o socios. Un negocio, seguramente rentable, pero sin «glamour». Nada que ver con aquella idea imperial de una banca como palanca para levantar un proyecto tras el que todo un pueblo debía caminar en pos de la independencia. Lo de antaño tenía, al menos, el perfume de la épica, lo de ogaño es -presuntamente-, puro negocio.

No hay color, pero las reacciones han sido las mismas. Pujol padre saliendo al balcón para buscar amparo en la multitud y Pujol hijo, deslizando la insidia de que la imputación pretende dañar el proceso soberanista. Por eso, rea signa los cargos en CDC aunque no renuncia al escaño que le afora. Lo de menos son las conversaciones grabadas por la policía con mandamiento judicial y lo de más es «el proceso». Envueltos en la «senyera», pero sin perder de vista el «negoci». Esta película ya la habíamos visto. También la negativa a renunciar al acta de diputado, pese a que en su día dijo que dimitiría caso de ser imputado. Lo mejor de toda esta historia es la frialdad con la que Durán Lleida -¡al suelo que vienen los nuestros!- ha despachado el asunto. «Ahora, podrá defenderse», ha dicho en un alarde de caridad cristiana refiriéndose al imputado. Desde hace siglos, en el Mediterráneo, la venganza es un plato que se sirve frío.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído