Esther Esteban – Más que palabras – Víctimas y doctrina Parot.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

«Ser víctima del terrorismo no es nada romántico. Ni trascendental, ni heroico. Es una pesadilla, la más profunda y dolorosa tragedia. Ser víctima del terrorismo no responde a ninguna razón. Es una de las cosas menos lógicas que le puede ocurrir a una persona. Nos convertimos en víctimas a causa de la ira de otros, de la guerra de otros, por la escala de valores de otros, por la religión de otros.

Las sociedades en las que vivimos intentan comprender el terrorismo. Tratan de llegar al fondo del odio y la ira que animan terroristas, buscando la raíz de las causas que lo explican, que lo racionalizan. Esta postura la hemos visto en periodistas, políticos, dirigentes, en nuestros propios vecinos. Nos han puesto en un estado de peligro donde la sociedad y sus instituciones más importantes -especialmente los medios de comunicación y sector público- nos han fallado». De esta forma tan elocuente se expresaba Arnold Roth, un israelita víctima del terrorismo, durante un Congreso Internacional celebrado en España hace años.

He buscado su intervención de entonces -que me impactó profundamente- intentando explicar los motivos que puede llevar al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo a dar por finiquitada la doctrina Parot, con lo que podrían ser excarcelados 54 peligrosos terroristas de ETA, parte de los cuales saldrían a la calle con menos de 25 años de prisión al computarse los beneficios penitenciarios sobre el máximo de 30 años de cárcel que establecía el Código Penal del 73. Además, serían puestos en libertad violadores múltiples y otros delincuentes despiadados como el asesino de las niñas de Alcasser.

«Los medios de comunicación rara vez usan el término terrorista -se lamentaba Arnorld Roth-. En su lugar los hombres y las mujeres que matan civiles inocentes en restaurantes, que ponen bombas en vagones de trenes y autobuses, que dejan sangre y desolación por donde pasan, a esos los llaman combatientes, activistas, militantes, insurgentes… de todo menos lo que realmente son: asesinos, terroristas». Y aunque no siempre es así, es cierto que no utilizar el término exacto para definir a estos asesinos tiene mucho que ver con una idea romántica del terrorismo, que siempre se ha mostrado camaleónico, envolviéndose en banderas ideológicas que son un fiasco. Por eso si finalmente la doctrina Parot pasa a mejor vida será un fracaso no solo del Estado español sino también del poder judicial, del Tribunal Constitucional y de todos.

Para ponernos en situación hay que recordar que una sección del Tribunal de Estrasburgo resolvió el año pasado que la doctrina Parot violaba los derechos de la etarra Inés del Río, condenada 3.000 años de cárcel por su participación, entre otros crímenes, en el atentado en el que murieron 14 agentes de la guardia civil en la plaza de la República Dominicana de Madrid en 1986. Estrasburgo fallaba en contra de la interpretación realizada por el Tribunal Supremo en el 2006 que determinó que los beneficios penitenciarios tenían que descontarse no del tiempo máximo de cumplimiento efectivo de la pena, sino de la totalidad de la condena. Esa doctrina fue convalidada por el Tribunal Constitucional y es la que se ha venido aplicando en casos especialmente graves. De hecho, Inés del Río nunca se ha arrepentido y, como señaló el otro día el abogado del Estado ante la gran sala, Isaac Salama, carece de sentido otorgar los mismos beneficios penitenciarios al reo que ha cometido un asesinato que al que ha matado varias decenas de personas y que formaba parte de un comando con tremendo historial de atentados terroristas.

El tribunal de Estrasburgo tardará seis meses en pronunciar una sentencia, que ya no podrá ser recurrida. Es verdad que en principio su fallo solo se aplicará a la terrorista Inés del río, pero casi todos los juristas coinciden en que el Gobierno se vería obligado a excarcelar a los 54 etarras y otros múltiples asesinos lo cual, además de provocar una gran alarma social, sería sobre todo una inmensa injusticia. Ojalá que no sea, porque de serlo Roth tendría razón en todos sus reproches, y la sociedad habría fallado estrepitosamente a las víctimas dando la razón a los verdugos.

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