Carlos Carnicero – La tortuga judicial española.


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

En tiempos de estrés informativo, la Justicia amortigua el efecto de las causas con su enorme dilación. La indignación entra en catalepsia porque las conclusiones judiciales no se concretan. Goteo de noticia sobre noticia que acaba en un charco que ya no se observa. Inundación de sirimiri. Urdangarin, Bárcenas, Oriol Pujol, Eres de Andalucía, forman un cosmos que gotea información con una cadencia que no se corresponde con la sociedad de las tecnologías. Esa realidad permite que, a Mariano Rajoy, el silencio y la imperturbabilidad le resulten provechosos.

Todo lo que se conoce es tan obsceno e insoportable que bastaría para acabar con la existencia política de quienes están inmersos en los procesos correspondientes. Pero el volumen de los legajos judiciales crece con una lentitud inasumible. Las gotas no terminan de llenar los vasos. Ahora ya tenemos certeza judicial de que Gürtel y las finanzas del PP estaban conectadas. Sabemos mucho de lo que ha robado Bárcenas. Asistimos a las indemnizaciones millonarias de los encausados: el propio Bárcenas y Sepúlveda. Ni siquiera ha intentado el PP la vía de los despidos procedentes. Reforma laboral sólo para los trabajadores honrados. El PP paga los silencios. No hay nada definitivo que convoque a la depuración del sistema. Luego, cuando el lento paso del tiempo se agota, los veremos, como a Jaume Matas, en la picota de la entrada de la cárcel, pero entonces el coste político del partido que apadrinó a los corruptos ya no será ejecutado.

Es imprescindible una reforma en profundidad del ordenamiento procesal español, que sin limitar las garantías aceleré los procedimientos. Demasiadas fotocopias en la era de la tecnología. Delitos de la misma naturaleza que los que aquí analizamos tienen un desenlace mucho más rápido en la mayoría de los países. Aquí las cosas funcionan tan lentas que un impertérrito sinvergüenza como Luis Bárcenas se permite la chulería de afirmar que no va a volver a declarar. Y ni siquiera lo meten en el talego para que se refresque.

A este stand bye se añade la ineptitud e inoperancia del principal partido de la oposición, que observa como Corinne presume de las comisiones que ha cobrado y guarda silencio, seguramente porque entiende la responsabilidad institucional como un condescendencia cómplice. Los españoles tienen derecho a la transparencia, incluso en los asuntos que atañen a la Monarquía. Pero Rubalcaba, que tal vez tenga cosas que esconder, no arriesga nada que le perturbe unas expectativas electorales que ni siquiera tiene.

Si la tortuga judicial no aligera el paso, nuestros nietos tendrán conocimiento de las condenas a Urdangarín, Bárcenas, Rajoy, Oriol Pujol y a los responsables de los Eres fraudulentos de Andalucía. Y mientras tanto, los corruptos o sus padrinos podrán seguir ganando elecciones.

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