Antonio Casado – Cuestión de fe.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

En su día ya se vio que era más importante rescatar a los bancos de la ruina que a los españoles del estupor. De modo que lo de los bancos, con la excusa de que son sistémicos, ya está más o menos encarrilado (40.000 millones de la UE tuvieron la culpa), pero los ciudadanos siguen sin recuperarse de una depresión colectiva causada por el incesante rosario de malas noticias. Sobre todo las de carácter económico. Ahí está la primera fuente de pobreza y desaliento en nuestro país.

No en vano la situación económica y las cifras del desempleo constituyen el primer quebradero de cabeza de los españoles. Así que siempre se espera que un mes de estos, o un año de estos, se invierta la tendencia y empecemos a ver los consabidos brotes verdes en el recuento de personas a la espera de un puesto de trabajo. De momento, no hay nada que hacer. Las cifras siguen golpeando sobre el sensibilizado estado de ánimo de la gente. Las trapacerías de Bárcenas y Urdangarin, la foto de Núñez Feijóo o la herencia del Rey carecen de importancia frente a los dramas familiares que se esconden las cifras del paro.

De vez en vez, el espejismo. Resulta que en este mes de marzo que acaba de terminar disminuyó el número de parados. Algo menos de 5.000 españoles y españolas abandonaron la cola del paro, pero el drama sigue vivo en los más de cinco millones registrados en los servicios públicos del antiguo INEM. No nos saca de la depresión que respecto al mes anterior (febrero) haya disminuido en 4.979, solo en el sector servicios, el número de españoles que buscan un puesto de trabajo. Es el llamado efecto estacional de la Semana Santa.

Estamos ante una concesión del calendario turístico. Por desgracia la buena noticia de marzo no viene acompañada de señales de recuperación. Al contrario, pues tenemos 284.376 parados más si echamos la vista atrás un año. Claro que este ha sido el mejor mes de marzo para el empleo desde el principio de la crisis. Pero conviene recordar que la Semana Santa no había vuelto a caer en marzo desde 2008. Por tanto, en los meses de marzo de estos últimos años no pudo influir en el empleo porque la Semana Santa cayó en abril. Si lo comparamos con la Semana Santa del año pasado, resulta que entonces el paro se redujo en 6.000 personas. Ahora no llega ni a 5.000.

El partido ganador de las últimas elecciones generales prometió que nos sacaría del agujero. Si aplicamos la misma vara de medir aplicada a los causantes de la herencia recibida, ahora estamos mucho peor y el discurso de investidura de Rajoy (19 diciembre 2011) ha quedado inservible como hoja de ruta. El Gobierno está desbordado por el déficit público y por las circunstancias. Se está repitiendo esa penosa sensación ya experimentada con Zapatero. Y a este Gobierno solo le queda plantear una cuestión de fe. «El año que viene, si Dios quiere», como nos dicen cada dos por tres el presidente y sus ministros respecto al fin de la recesión. Creer lo que no vimos y estar dispuestos a creer que lo veremos.

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