Al margen – Feijóo, la conspiración de la memoria.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Si no se heredan los pecados de los padres, ¿cómo se va a contagiar uno de aquellos cometidos por el tipo con quien se hace una foto, o varias? Sin embargo, aunque los pecados de los padres no se heredan, sí, en tantos casos, la inclinación a cometerlos, pues uno, en el fondo, es su padre, por lo que lo de la foto, que a fin de cuentas no es sino una imagen congelada, un «souvenir» plano del pasado, no está tan claro como el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, quiere creer o hacernos creer. Esas fotos en el yate del contrabandista devenido en narco Marcial Dorado tienen, según dice Feijóo como argumento exculpatorio, mucho tiempo, y es verdad, pero también lo es que él mismo también lo tiene, o, cuando menos, el suficiente para haberse hecho esas instantáneas con su amigo Dorado hace no tanto, unos 18 años.

Dejando a un lado el hecho, pese a ser mucho dejar, de que está feísimo que un alto responsable público de Sanidad se haga fotos amicales con un tío que atenta delictivamente contra ella por razón de los artículos con los que comercia, tabaco y drogas, quedaría, en todo caso, lo sustancial, la dilucidación de qué había o dejaba de haber entre ellos en la vida real, en movimiento, que las fotos no recogen. No lo sabemos, pero puestos a saber o a no saber, lo que sí sabía Alberto Núñez Feijóo es quién era el señor Dorado y a qué se dedicaba, a menos que fuera el único gallego en ignorarlo. Yerra, pues, el todavía presidente de Galicia al pretender una ignorancia que se antoja imposible, sobre todo en un hombre tan listo ya entonces para tantas otras cosas, y yerra, sobre todo, al sustituir su inicial «mea culpa» por su «torpeza» de antaño por el rollo de la conspiración contra su persona y, de rebote, contra el Partido Popular.

Conspiración puede que la haya. Es más; los errores del pasado conspiran siempre, latentemente, contra nuestro presente y nuestro futuro. Núñez Feijóo conspiró contra él mismo y sus ambiciones políticas, sin saberlo, cuando se hizo tan amigo de Dorado como para compartir con él yate y eso tan delicado que es «el ocio» (la madre de todos los vicios, se decía) y los viajes de placer. Ahora, otros, sea el PSOE o sea alguien del propio Partido Popular que le quiere lejos de la sucesión de Rajoy, no tienen más que tirar de foto, de memoria.

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