Victoria Lafora – El vicio de pedir.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Ya conocen el refrán popular: «Contra el vicio de pedir, está la virtud de no dar». Pues en ese laberinto anda metido el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Madrid y Cataluña, las dos comunidades autónomas que más aportan a las arcas comunes, se han aliado para reclamar una financiación diferente del resto.

Quieren más dinero, más participación en los ingresos por el IRPF, y están dispuestos a llevar su reivindicación hasta el final. Artur Mas enarbola su amenaza soberanista y tiene, por tanto, mayor capacidad de presión. Madrid lo tiene más crudo. Primero porque Ignacio González y Rajoy, pese a no existir ninguna simpatía personal entre ellos, son del mismo partido. A González le gustaría repetir como candidato a la presidencia de Madrid y sabe que sin el parabién de Moncloa, no es posible. Así que sus quejas y viajes a Barcelona buscando un frente común suenan a recurso al pataleo.

Mucho más grave es la situación de tensión creada por las aspiraciones soberanistas de CIU y su amenaza de convocar un referéndum de independencia, planteado como «consulta» a los catalanes sobre sus deseos de permanecer en España. Para el presidente del Gobierno este tema empieza a ser, junto al escándalo Bárcenas/PP, y los seis millones de parados, el mayor quebradero de cabeza de su mandato. De ahí la reunión secreta con Mas y los últimos guiños sobre los limites del déficit.

Pero Mas juega con dos barajas. En Madrid ofrece un camino de dialogo para frenar a ERC y el referéndum, y en Cataluña presiona al ERC para que se sumen a los recortes y luego convocar la consulta.

El análisis que hacen en Moncloa parte de la situación de dificultad de atraviesa CIU, con su socio UNIO aplastado por el caso Pallerols, el secretario de Convergencia e hijo de Jordi Pujol imputado en el caso ITV y, a punto de quedar visto para sentencia, la supuesta financiación de la formación nacionalista con el robo en el Palau de la Música de Cataluña.

Pero también el PP, que sustenta al Gobierno, tiene la espada de Damocles de los secretos sobre su financiación que tanto le gusta dosificar a Luis Bárcenas. Así que, quien esté libre de culpa que tire la primera piedra.

Lo malo, lo verdaderamente malo para los ciudadanos de Madrid y Cataluña, a los que dicen representar y defender, es que el reclamado aumento de su financiación no es para mejorar su calidad de vida ni para la defensa de los servicios públicos.

En los cien días que lleva al frente de la Generalitat en esta nueva legislatura, cuyas elecciones convocó con el caramelo del soberanismo y que perdió, Artur Mas no ha tomado ni una sola decisión importante de gobierno. Solo sigue aplicando recortes y enfrentándose con el empresariado catalán.

Por su parte Ignacio González, anda enfrascado en su obsesión por privatizar hasta las batas de los médicos y dejando que anteriores consejeros de sanidad se hagan con las concesiones de los hospitales entregados a la gestión privada. Como ven, todo muy edificante.

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