Fermín Bocos – Tormenta perfecta.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Ulises fue el primer hombre moderno que se enfrentó al destino desde la razón. Con coraje y astucia, venció todas las tormentas y consiguió llegar a Itaca. He recordado la Odisea al ver en Barcelona al Príncipe de Asturias, alto y barbado, rodeado de magistrados en ocasión del acto solemne de entrega de despachos a la última promoción de jueces. Gente joven y preparada que sale dispuesta a impartir justicia en un país en el que, según las encuestas, la mayoría de los ciudadanos ha perdido la fe en la Justicia. El mal de fondo es la corrupción. La corrupción asociada con la impunidad; la muy extendida sospecha de que, hablando de los políticos, salvo excepciones, el que la hace no la paga. Todos los medios han destacado las palabras del Príncipe Felipe instando a los nuevos magistrados a hacer su trabajo con «prudencia y fortaleza» añadiendo que los miembros de la carrera judicial son merecedores de la mayor confianza. Oídas estas palabras todos hemos pensado que en ellas latía un eco destinado a ser voz propia visto que el día anterior un juez de Palma de Mallorca (José Castro), había decidido imputar a la Infanta Cristina por el «caso Nóos». Voz propia del Príncipe frente a la «sorpresa» con la que, según un comunicado de la Casa del Rey, se había recibido en Zarzuela dicha imputación. Sorpresa que llevaba explícito el mensaje de apoyo a la petición de la Fiscalía contraria a la imputación.

¿Quiere esto decir que el Príncipe Felipe discrepa de la opinión expresada por el citado mensaje? Tendría que ser él quien lo dijera, pero a la vista de los hechos y circunstancias que rodean un asunto que trasciende de las presuntas andanzas non sanctas de Iñaki Urdangarin y demás socios a una suerte de causa general en la que hay sectores políticos y sociales que cuestionan abiertamente el futuro de la Monarquía, parece lógico que el Príncipe de Asturias esté modelando su propia agenda. Solo un ciego no vería que lo que se va a sustanciar en los juzgados de Palma de Mallorca es algo más que la presunta responsabilidad de los implicados en el «caso Nóos» en los supuestos delitos que se les atribuyen. Lo que está en juego es la imagen de la Monarquía. El adivino ciego Tiresias recomendó a Ulises descender al Aqueronte y preguntar a los ausentes acerca del futuro que le deparaba el destino. Allí halló la respuesta que le abrió el camino seguro de regreso a Itaca. El Príncipe con quien debería hablar seriamente es con el Rey; con su padre. De esa conversación debería salir la ruta que ponga a la Monarquía a salvo de la tormenta perfecta en la que estamos instalados.

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