Entre Bárcenas, la Infanta y Feijóo, no nos falta de nada.

Estos días en España hay varios temas candentes que tienen a medios y periodistas completamente divididos. El posicionamiento sobre la imputación de la infanta Cristina en el caso Nóos, va más allá de lo racional. La derecha cierra filas y traga con todo, sean elefantes, Corinnas y corrupciones varias, con tal de salvar la Monarquía a cuyo frente, más que un ser de carne y hueso, con muchos defectos humanos, a pesar de su inviolabilidad –lapsus constitucional contra natura y contra todo en este siglo XXI—parece estar un ser cuasi divino a juzgar por los perdones y halagos de sus múltiples cortesanos mediáticos. Lo de cargar contra el juez Castro aludiendo a que es un juez del cuarto turno es impresentable. La Infanta debía ser imputada, como se imputó a la compañera de Torres hace ya varios meses. Se hace, por tanto, con mucho retraso si defendemos que la justicia es igual para todos, cosa que de facto no es. Pensar que ella estaba al margen de los negocios de su marido, es querer hacer comulgar con ruedas de molino a la ciudadanía. Máxime si hablamos de una universitaria licenciada en Ciencias Políticas y no de una simple ama de casa, de profesión sus labores. Y ni siquiera así. ¿O pensaba doña Cristina que el tren de vida, incluido el chalet de Pedralbes, caía del cielo por ser vos quien sois? El razonamiento es lógico, pero en ciertos medios conservadores obligan a sus periodistas a decir que no hay pruebas, es decir, les obligan a ejercer de bobos. Por su lado, la izquierda, los republicanos y los separatistas aprovechan estos desmanes para pedir una reforma de la Constitución y un referéndum sobre la Monarquía. En cualquier caso es una tremenda mancha que se agravará con el gran error de “desimputar” a la duquesa de Palma por supuestas presiones de la Fiscalía, que podría recibir a su vez indicaciones de niveles más altos. La reacción de la Casa Real ante la imputación, y su posicionamiento a favor del recurso del fiscal, no es muy democrática que digamos. Lo peor de todo es que está en juego la Justicia.

El caso Bárcenas cansa y apesta. Pero lejos de abandonar la actualidad, ocupa más espacio en los medios, a medida que brotan nuevos datos. Este fin de semana irrumpe en la palestra Raúl del Pozo, que entre dos tortillas, una con cebolla y otra sin, viendo un partido de fútbol, tuvo acceso a una parte de los papeles de Bárcenas por parte de un “tercer hombre”. Los papeles de verdad, que vendrían a decirnos lo que ya se sabe por las fotocopias de El País. El periodista vio entradas y salidas. No figuran ni Aznar ni Rajoy, pero sí algunos segundones. También Carlos Herrera y otros periodistas han tenido el privilegio de ver una parte de los listados originales y haber hablado con el entorno de Bárcenas. Esto pone las cosas aún más difíciles al Partido Popular. La opinión sobre el extesorero del PP puede ser mejor o peor. Podemos pensar que es un caradura, un chantajista o un “trincón”, pero tras la punta del iceberg que emerge en el frío mar del PP parece esconderse un megabloque capaz de hundir a otro Titanic. Dicho de otra manera, estaríamos ante una de las mayores tramas de corrupción que se hunde en los inicios mismos de la historia de la democracia. La bomba está en marcha y solo es cuestión de tiempo.

En Galicia estos días la división mediática la causan las fotografías de Alberto Núñez Feijóo con el narco Marcial Dorado, que en estos momentos cumple condena. Algunos comunicadores están tratando el tema de manera bastante ligera, incidiendo en que las fotos tienen dos décadas; que cualquiera de nosotros pudo haberse hecho una foto con alguien que en la actualidad atraca bancos, y que por esos años los contrabandistas estaban integrados en la sociedad gallega. Todo esto no deja de ser una frivolidad y un intento de cierre de filas en torno a Feijóo. Pero puede ser que haya consignas e intereses, como apuntamos unas líneas más arriba.

No creo que los socialistas hayan filtrado las fotos. Como le aconseja Pachi Vázquez, Feijóo debe mirar en las filas del PP. Tirando a lo alto, diría yo. Algunas voces interpretan que el Presidente de la Xunta, con un pie ya en el Padornelo, muy valorado en Madrid en un PP que pierde apoyos, muy crítico con la gestión del caso Bárcenas, y sucesor inminente de Rajoy, podría haber recibido el castigo a su ambición.

Yo no creo que Feijóo haya estado involucrado en nada delictivo. Tampoco creo que tenga que dimitir, como le pide la oposición. Pero sí está obligado a dar muchas explicaciones. Las dará el miércoles en el Parlamento, aunque será una sesión sin preguntas, condición impuesta por el PP. Debe aclarar en primer lugar, por qué dijo que no conocía las actividades de Dorado en esa época, algo que nadie cree, porque incluso quienes no leen la prensa diaria, ven los telediarios, y las noticias sobre las redadas gallegas eran frecuentes. En Galicia y fuera de Galicia se sabía que, sobre todo en la Illa de Arousa, se estaba formando una Sicilia 2. Hay titulares de prensa de esos años que definen a Dorado como “el padrino de la ría de Arousa” y “el capo de la buena estrella”, porque siempre conseguía escabullirse. Por esos años, heroínas como Carmen Avendaño, fundadora de “Érguete”, todo un referente, ya denunciaban públicamente a estos comerciantes del dinero fácil que llevaban a sus hijos al cementerio. Me consta que estos colectivos de lucha antidroga están muy afectados por las palabras de Feijóo. No estaría de más que aclarase la relación del fallecido Manuel Cruz, testaferro de Dorado y chofer de Romay Beccaría. Suena, cuando menos, surrealista. Como poco, a Venezuela. Tendrá que explicar también el Presidente de la Xunta por qué dijo que había roto el contacto con Dorado en 1997, y sin embargo el juez Vázquez Taín declara que hay grabaciones entre el 2001 y el 2003. Conviene que explique el líder popular por qué presentó su dimisión en 2003, cuando supo de las fotos, según publicó La Voz de Galicia, si no eran relevantes. ¿O eran relevantes entonces e irrelevantes ahora? Debe aclarar también si intervino en la adjudicación de la batea de mejillón a Otilia Ramos, esposa de Dorado. (La utilización de ese tipo de bateas es de sobra conocida, y su relación con el narcotráfico es muy estrecha). Otro punto pendiente de aclaración es si alguna de las gasolineras del narcotraficante surtía de gasóleo de calefacción al Sergas. Ya, de paso, puede adelantar Feijóo si hay más fotos, vídeos o viajes.

Feijóo debe sincerarse ante los gallegos si quiere zanjar el tema, porque “la infamia” no la zanjó el magistrado Taín; más bien aportó un dato en contra. Debe dejarse de frases ingeniosas para salir del paso y abordar el tema en profundidad, sin lagunas ni olvidos. Porque el puzzle está sobre la mesa. La hemeroteca, tan traicionera ella, es ahora presente, y los nombres de los narcotraficantes clásicos, algunos ya enterrados pero no olvidados, vuelven desde el más allá para ajustar viejas cuentas. El proceso de catarsis de Feijóo puede ser su salvación, incluso para pasar el Padornelo.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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