Antonio Casado – Más sacrificios.


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Las entrañas oficiales de la oca, más conocidas por el nombre del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) nos acaban de administrar una dosis de recuerdo sobre el estado de ánimo de los españoles. Sigue en horas bajas. El chequeo correspondiente al mes de marzo nos habla del paro, la corrupción y la clase política como los grandes quebraderos de cabeza de nuestra buena gente. Pero es la corrupción la que se dispara en estos principios del año 2013, mientras que, curiosamente, se mantiene o incluso tiende a bajar el indicador relacionado con las cuestiones económicas en general (el paro, aparte). Lo cual quiere decir que a los españoles nos preocupan más las trapacerías de Urdangarín y Bárcenas que la mismísima prima de riesgo.

Sin embargo las fuentes del desaliento colectivo siguen estando en las cuestiones económicas. Entiendo por tales todas aquellas que se derivan de la crisis que está atravesando la vieja Europa y muy especialmente su flanco sur. Ahí está España, vista por el flanco norte como uno de los socios que camina arrastrando los pies hacia la salida del túnel.

Nos lo acaba de recordar la Comisión Europea con un largo informe de 48 páginas en el que se señalan por enésima vez los más negros agujeros estructurales de nuestra economía. Los dos principales: el paro y la deuda. Y sostienen los jerarcas de Bruselas que para superarlos todavía no nos hemos sacrificado lo suficiente. Si queremos seguir en el club, debemos esforzarnos más y acumular méritos.

En otras palabras, se nos está diciendo que tres años de recortes y sacrificios no nos han sacado del purgatorio. Es desalentador este jarro de agua fría que la UE echa sobre un Gobierno, el de Rajoy, al que se le estaba llenando la boca de anuncios optimistas a la vuelta de unos meses. La dura realidad de las cosas es que se avecina una nueva oleada de recortes. Es tanto como anunciar más sufrimiento en las capas débiles de la sociedad, como paganas de la política de austeridad dictada por la señora Merkel. Y si a ello sumamos que en paralelo a la crisis económica sigue cabalgando la crisis política, se entenderán los presagios de una primavera caliente en la calle.

El más indeseable de los indicadores sigue siendo el paro. El propio Gobierno reconoce que seguirá subiendo, de momento. Se hace larga la espera a un cambio de tendencia y a una reducción de la lista de personas a la espera de un puesto de trabajo. De momento, sólo contamos con el mantra de que todo empezará a cambiar el año próximo, según discurso oficial instalado desde la barrida del PP en las urnas.

Y en cuanto a la falta de confianza en la clase política, procede levantar acta de que, según el CIS y otros institutos de sondeos, el único partido realmente al alza en las intenciones de voto es el del desaliento, mientras también sigue al alza el clamor por la re-configuración de un sistema institucional saturado de vicios ocultos.

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