Carlos Carnicero – Mayo del 2013: sin espacios para el disenso.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Como era previsible, el conjunto de medidas impuestas por la Unión Europea y aplicadas por el Gobierno, no solo no han mejorado la situación económica, sino que la han agravado. La respuesta, instalada en la tozudez, es más dosis de una medicina inicua que agravará la situación del paciente, de la mayoría de los ciudadanos.

La Unión Europea exige a Rajoy más impuestos y nuevos recortes. Y el estado de indignación de la sociedad entenderá esos nuevos sacrificios como una provocación.

Mayo tiene, desde el 68, un sello de rebeldía. Es un mes carismático y adecuado a la explosión social. Y los disensos de la sociedad con las imposiciones del poder no encuentras vías de manifestación que dibujen un camino hacia un nuevo consenso social.

Una sociedad arrinconada termina por reventar; cuando se empuja contra un muro, la salida, en la estrategia militar, convoca a la rendición o a la lucha desesperada. Y en esas estamos. Los llamados escraches son la válvula de escape para acercarse a unos dirigentes que se han blindado frente a las legítimas protestas de los ciudadanos. Y la solución que se plantea no es atajar la raíz de los problemas sino nuevas medidas coercitivas para cerrar y arrinconar cualquier vía de protesta.

Ni los partidos ni los sindicatos han abierto caminos para que transiten los reclamos ciudadanos. Y como corresponde, la sociedad busca sus propios vericuetos.

Multar a los que protestan, detenerlos, ponerlos en la picota pública porque «molestan» a los responsables de esta situación en el entorno de sus familias, solo convocará nuevas vías de protesta. Y si se cierran todos los caminos, la fuerza de los hechos promoverán una explosión social.

El PSOE, al fin, ha entendido que tiene que acercarse a los reclamos de los ciudadanos. La derecha, inmediatamente ha establecido que el PSOE se radicaliza. Porque pretende una sociedad sumisa que acepte con resignación los azotes que se le profieren. El PSOE se ha dado cuenta de que la inacción es su final. Y se ha empezado a mover sin que se tengan claros cuales son los riesgos que está dispuesto a asumir.

Mientras tanto, la infanta Cristina está pendiente de comparecer ante los tribunales. La fiscalía y la abogacía del estado actúan como defensa de la infanta y no como acusación pública. El hijo de Jordi Pujol soporta el conocimiento público de que tiene 32 millones de euros en paraísos fiscales. Igual que Luis Bárcenas. El Gobierno de Zapatero indultó al banquero Sáenz y el de Rajoy cepilla sus antecedentes penales para que siga siendo el número dos del Banco Santander. Y la lista de desigualdades sería interminable.

Esta contraposición de situaciones, de distintas varas de medidas en función del poder de los ciudadanos es un escaparate refractario de la desigualdad que no se puede soportar. Ajustes para los débiles y blindaje para los poderosos.

El Gobierno, la señora Mérkel y los poderes financieros debieran ser conscientes de que el cinturón que se aprieta a los ciudadanos ya no tiene más agujeros.

En la ciencia militar es norma básica que arrinconar al enemigo, sin ninguna salida, provoca una resistencia numantina. En eso estamos.

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