Charo Zarzalejos – Al rescate por la seducción.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

La política y los políticos cada vez son vistos con peores ojos por una sociedad agobiada por la crisis, que no acaba de creerse que lo que está ocurriendo -paro, sueldos menores, mas impuestos, ahorros agotados, incertidumbre para los hijos- les está pasando a ellos, a todos, en mayor o menor medida. Hay sectores de la sociedad que llegan a ver a la política y a los políticos como algo perfectamente prescindible. Lo ven, incluso con un nivel de desprecio que raya lo cruel.

Es comprensible que cuando la política no da respuestas, cuando todo se convierte un «dejá vu», cuando la desesperanza no encuentra una rendija de aliento, la ciudadanía busque alternativas, al igual que el enfermo desahuciado por la medicina convencional acuda a los habladores que aseguran la curación en una habitación macabra. El enfermo, naturalmente, acaba muriendo porque lo que no cura la ciencia contrastada, no lo cura el charlatán de turno. Pero el enfermo quiere esperanza y se deja rescatar por lo «acientífico».

La sociedad española está cansada y desesperanzada. Me consta que tanto el Gobierno, como el PP y el PSOE. Sin embargo a ellos, a todos ellos, les ocurre algo parecido a los ciudadanos, que tampoco acaban de entender que lo que le está ocurriendo les pueda estar pasando a ellos. Para el Presidente del Gobierno, pese a su tradicional serenidad, y para los propios ministros, la legislatura está siendo un via crucis. Creen firmemente que están haciendo lo que deben «aunque comprendemos que es muy difícil que se nos acompañe en medidas duras y antipáticas». El Partido Popular tiene pesadillas con Bárcenas y para muchos de sus afiliados y militantes el pertenecer, en estos momentos, al partido que gobierna se ha convertido en una losa de la que muchos no se desprenden por pura lealtad.

Otra cosa son los electores y entre ellos el nivel de crítica es mayúsculo, bien porque creen que el Gobierno se ha convertido en socialdemócrata en lo económico -la subida de impuestos les cuesta digerirlo-, bien porque en lo social les ha dejado tirados porque no están respondiendo a lo que cabía esperar de un Gobierno «de derechas». Para unos no llega y quieren «más caña» y, para otros, se ha pasado. Difícil encrucijada.

El PSOE tiene la suya. No es, en la actualidad, un partido especialmente querido por los ciudadanos y ahí está, atenazado por una izquierda y una calle sin siglas y por su vocación de partido de gobierno. Lo primero lleva a que muchos diputados aplaudieran cuando los afectados por las preferentes se desahogaron con insultos en el Congreso y a que, al mismo tiempo, Manuel Chaves calmara ánimos preguntando «pero ¿sabéis en qué partido estáis?».

Solo Izquierda Unida y UPyD parecen gozar de una cierta «gracia» ciudadana porque en la medida que no han gobernado, que han ido y van de minoría no han sufrido ni el desgaste, ni el riesgo -que lo tiene- el poder. Pero en política lo que hoy son cañas, mañana se vuelven lanzas y es tarea de todos acudir al rescate de la política porque fuera de ella no hay nada.

La tarea no es fácil. Hay que ofrecer buena gestión, presencia suficiente, máxima dignidad y ejemplaridad. La lista de sugerencia podría ser muy larga, pero en el primer puesto habría que colocar la «seducción». Los políticos deben seducir a los ciudadanos y lograr que la política sea una actividad seductora, que genere confianza y admiración, que en la misma se perciba lo mejor de cada cual y de nosotros mismos. Estamos enfermos y hay mucho charlatán deseando tener cola en su habitación macabra. Si eso ocurriera, sería la puntilla para todos nosotros y para España.

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