Carlos Carnicero – Cospedal, rompeolas del PP.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

Ante el encapsulamiento de Mariano Rajoy en un plasma, la alternativa para no perder toda la presencia pública del PP y del Gobierno ha sido la de constituir a María Dolores de Cospedal en rompeolas.

Cospedal no elude la confrontación; podría decirse que disfruta de ella. Y tiene esa cualidad que adorna a algunos líderes de la derecha de no estar sometida las normas de la dialéctica ni a la coherencia de sus argumentos. Dispara con artillería pesada sin calcular el ángulo de tiro y los daños colaterales.

En los últimos días ha demostrado que la hipérbole es munición de su agrado. Comparar a los pacíficos manifestantes de los escraches con el nazismo es una de las mayores barbaridades pronunciadas en el universo de la política. Con esa afirmación ha ofendido a todo el mundo. Para empezar a los judíos que sufrieron agresiones progresivas hasta conducirles al exterminio. Desde luego a los manifestantes; pero sobre todo al sentido común.

En España no se pasa factura, al menos inmediata, por este tipo de barbaridades. El líder máximo consiente y demuestra que Cospedal es una killer mediática por encargo. El se esconde en La Moncloa y Cospedal dispara a todo el que se mueve.

Otra perla reciente: «nuestros votantes dejan de comer antes de dejar de pagar la hipoteca». Curiosa declaración. Los votantes del PP deben ser seres sin necesidades biológicas que tienen suficiente alimento con pertenecer al partido. No creo que Luis Bárcenas sea el ejemplo al que se refiere Cospedal.

España tiene una atmósfera espesa. El miedo reduce el oxigeno de la protesta, pero toda situación tiene un límite en la desesperación absoluta. Provocar al adversario es una técnica que no necesita finezza; pero hay ofensas que dejan tanta huella que se convierten en irreversibles.

Cospedal está blindada con dos sueldos, una vida confortable y el apoyo de su partido. Pero nadie está lo suficientemente protegido contra los despropósitos. Cospedal ha saltado talanqueras que no tienen retorno.

El PP ha tenido bravucones importantes. Me acuerdo de Luis Ramallo. La mayoría no llegan a viejos en la política. Llega un momento que son incómodos hasta para los suyos.

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