Francisco Muro de Iscar – Una izquierda débil.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

La política es llamativa: a pesar de que el Gobierno lo está haciendo mal, toma medidas impopulares, actúa con soberbia, se distancia de los votantes, no consigue atajar la crisis, tiene abiertos todos los frentes, está sometido a acosos en la calle y a acusaciones muy serias de corrupción el desgaste y el deterioro que sufre es menos profundo que el que padece el PSOE. Y ese deterioro conjunto de PP y de PSOE, unido al leve auge de partidos minoritarios y de los movimientos ciudadanos o sociales que toman la calle, amenaza con triturar el mapa político.

Con la que está cayendo, se entiende que los ciudadanos parezcan confiar o simpaticen más con los movimientos sociales que con los partidos políticos o los sindicatos, y resulta llamativo que, por ejemplo, sólo el 49 por ciento de los votantes del PP confíen en Mariano Rajoy. Pero es inaudito que sólo el 29 por ciento de los votantes del PSOE confíen en Pérez Rubalcaba. Tal vez por eso, el centro izquierda español anda pensando más en quién será el sucesor de Rubalcaba que en lo que debería pensar: cuál es su sitio en este momento de España y qué valores debe defender el PSOE.

En lugar de mostrarnos las capacidades para gobernar o para hacer oposición, la crisis nos está poniendo delante las miserias de casi todos. Es posible que la derecha esté haciendo lo que quiere hacer, lo que le han dicho que tiene que hacer o lo que no tiene más remedio que hacer. Y pagará un precio por ello, además del que nos está costando a todos. Pero al alejarse del centro -su espacio natural, el único desde el que ganar unas elecciones- después de malgastar durante ocho años su oportunidad de gobernar, el PSOE va camino de desaparecer, de ser víctima de una tempestad que acabe hundiendo un proyecto necesario.

Se lo están ganando a pulso y es malo para el futuro de los españoles y de España como país. Las amistades peligrosas con ERC o con Izquierda Unida han logrado que estos partidos allí donde han gobernado o gobiernan con el PSOE, hayan tomado la iniciativa, eso sí, con el aplauso y la sumisión de los socialistas. Cuando el PSOE pierde el norte -y perder el norte es sacar a debate la forma del Estado, poner en solfa la propiedad privada, defender todo lo que antes rechazaban, volver a los viejos ataques contra la Iglesia Católica, irse a la izquierda de la izquierda o demostrar sus divisiones y rivalidades internas, algunas casi irresolubles-, todo el sistema democrático sufre las consecuencias. Si frente a la mayoría absoluta del PP no hay una izquierda fuerte, coherente, de liderazgos solventes, los movimientos sociales aparecerán como el único contrapeso a la situación. Y eso encierra un serio riesgo porque aumenta la desafección y la desconfianza de los ciudadanos en la democracia y en sus líderes. Y no se ha inventado un sistema mejor o menos malo.

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