Antonio Casado – Rouco y el PSOE.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

El PSOE se busca a sí mismo y sus votantes tradicionales también lo buscan. Pero esa operación, a la que Rubalcaba pone fechas en función de las tareas, o tareas en función de las fechas, va transcurriendo sin partitura, sin ritmo y sin convicción. De vez en cuando lanza una bengala de situación, como hacen los náufragos o los que se pierden en el monte. Los dirigentes socialistas andan perdidos entre la bruma y necesitan recobrar sus coordenadas ideológicas, antes de que sus votantes de siempre acaben suspendiendo la búsqueda.

De eso se trata, de volverse a reconocer en sus posiciones a la izquierda, cuando la actual dirección del PSOE reclama la retirada del proyecto de ley local porque pretende eliminar los servicios sociales en los núcleos de población de menos de 20.000 habitantes, cuando denuncia que Rajoy gobierna de espaldas a la mayoría social, cuando se opone a la privatización de la Sanidad o, en fin, cuando advierte de que no va a consentir que los obispos impongan su moral a toda la ciudadanía.

Es lo último en el intento de recuperar las señas de identidad de un partido. En este caso su vieja concepción del laicismo como espacio de integración. Y ahí no cabe el amontonamiento de lo civil y lo religioso, los privilegios fiscales de la Iglesia o la pretensión episcopal de decirle al Gobierno como tiene que regular la interrupción voluntaria del embarazo.

El presidente del Episcopado español, monseñor Rouco Varela, ha dado al PSOE la oportunidad de reconocerse como partido laico y de izquierdas. Al presionar públicamente al Gobierno de Rajoy para que derogue la vigente Ley del Aborto y la legislación que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, se lo ha puesto fácil a Rubalcaba. Al líder del PSOE le encantará que le acusen de estar jugando la baza anticlerical.

Lo cierto es que las exigencias de Rouco, formuladas en su discurso inaugural de la asamblea episcopal, mientras el presidente Rajoy se encontraba en el Vaticano reunido con el Papa Francisco, le han dado a la dirección del PSOE la ocasión de recordarle al Ejecutivo que la Constitución proclama la aconfesionalidad del Estado y que su capacidad de iniciativa legislativa se debe al poder delegado por los ciudadanos y no por los obispos.

A partir de ahí, el ataque preventivo: «Si el Gobierno del PP va a ir de la mano de los obispos para modificar la Ley del Aborto, volviendo a limitar la libertad de las mujeres, ya les anuncio que el PSOE exigirá que se denuncien los acuerdos con la Santa Sede», dice Elena Valenciano, vicesecretaria general. Es decir, que frente a la amenaza de acabar con la Ley del Aborto aprobada en tiempos del Gobierno de Zapatero, una amenaza mayor, como en el juego del ajedrez. «Esta vez va en serio», ha dicho la número dos del PSOE.

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