Francisco Muro de Iscar – Reformas para los ciudadanos.


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

Estos políticos siguen disparándose andanadas mientras quienes les votaron siguen engrosando las listas del paro y la desesperanza. Este país necesita reformas políticas y económicas de fondo. Las reformas políticas deberían primar la cercanía de los políticos, su compromiso con los ciudadanos, su deber de atender lo que piden los ciudadanos, pero no en la calle, sino en las urnas; no en la algarada violenta sino en el diálogo permanente.

En ese sentido, la propuesta de primarias hecha por el PSOE nacional, después de rechazarlas para Galicia en un nuevo frente interno, es positiva. No es malo que los militantes elijan a su candidato y restar, en la medida de lo posible, un poco del poder absoluto que tienen los aparatos de los partidos. También es positiva la propuesta del PP de Madrid de reducir el número de diputados autonómicos -sobran muchos- o la de que una parte de esos diputados sean elegidos directamente por los ciudadanos en circunscripciones territoriales. Y lo es la propuesta del PSOE de reformar el Senado, que parece menos madura. PP y PSOE deberían acordar una reforma de la vieja e ineficaz ley electoral para adecuarla a las necesidades de hoy, eliminando aspectos que tenían sentido en la transición, pero que hoy no tienen razón de ser, acabando con la sobrevalorada representación de algunos partidos, restando fuerza a los chantajes de algunos y facilitando la gobernabilidad del que gane.

Pero esos cambios, imprescindibles para una democracia real, son mucho menos urgentes que una verdadera reforma económica que tenga el empleo como centro de su estrategia. Y eso no se puede conseguir sin un pacto social que es tan urgente y necesario que si no se produce puede acabar con el propio sistema. Estamos encima de un volcán que no ha estallado aún, a pesar de los seis millones de parados, pero que puede hacerlo en cualquier momento. Hay que actuar de verdad sobre los mecanismos para crear empleo y no sólo sobre los sistemas para reducir el déficit.

Empleo, empleo y, después, empleo. Un pequeño país como Islandia, el más pobre de Europa hace cien años, con uno de los mejores sistemas educativos, pasó de un pequeño mercado local a un país para multinacionales y especuladores que primaban el consumo y el empleo barato, diciendo a los jóvenes que no les necesitaban. Así llegó la bancarrota. Ahora, esos jóvenes que fueron expulsados del mercado laboral han hecho una alianza para recrear la economía y han logrado el 40 por ciento de los votos. Hoy tienen miles de empresas pequeñas y nuevas. Se pusieron a trabajar y a base de pequeñas empresas están recuperando el país. Aquí podríamos hacer lo mismo, si Gobierno y oposición, sindicatos y empresarios, aprobaran un plan de verdad para los emprendedores. Si no atacan juntos la raíz del problema -cercanía y responsabilidad de cada político y una economía para los ciudadanos- todos los que mandan hoy estarán pronto su casa.

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