Francisco Muro de Iscar – Decida usted: marque la x.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Los ciudadanos estamos exigiendo participación y transparencia, capacidad de decidir en la política. Es un derecho democrático y una forma de hacer que la política no sea lo que nos dan sino lo que queremos. Pero cuando podemos decidir no siempre lo hacemos. De cada mil euros que el Gobierno se gasta -sea cual sea el signo del Gobierno- los ciudadanos sólo podemos decidir dónde se van a gastar catorce. Siete podemos hacer que vayan a las ONGs y otros siete a la Iglesia católica. Para los otros novecientos ochenta y seis no nos preguntan, deciden por nosotros. No estaría mal que pudiéramos opinar dónde queremos que se gasten.

Este año, volveré a marcar las dos casillas y especialmente la de la Iglesia católica, una institución más transparente que la mayoría, que dice en qué se gasta su presupuesto, que rinde cuentas. No sólo de lo que recibe de los Presupuestos Generales del Estado por decisión expresa, libre y democrática de más de nueve millones de ciudadanos, sino también de lo que viene de ofrendas y donativos de los católicos. No se dejen engañar. Esta última partida representa el 75 por ciento de sus ingresos y la que viene vía Presupuestos del Estado sólo es un 25 por ciento. Ya nos gustaría a todos que las cuentas de partidos, sindicatos, o empresas públicas que viven en más de un 80 por ciento del dinero público fueran tan claras y transparentes.

Y marcaré la casilla de la Iglesia para defender su obra social. Sin Cáritas, más de un millón de personas no tendrían cubiertas sus necesidades básicas y otros 6,5 millones carecerían de ayudas imprescindibles, gracias a más de 64.000 voluntarios. Sin Manos Unidas no se financiarían más de 600 proyectos en 58 países. Sólo son dos ejemplos. Hay que sumar muchos más volcados en las personas mayores, en los discapacitados, en los inmigrantes, en los menores, en los enfermos… Y a miles de sacerdotes, muchos en el mundo rural, que atienden las necesidades religiosas sí, pero también son el único apoyo solidario, de humanidad. Y a 14.000 misioneros repartidos por todos los continentes, los únicos que no se van cuando los conflictos se encienden, cuando llegan las tragedias o cuando la única esperanza es la venganza o la muerte. Y los centros de educación concertada de la Iglesia que ahorran al Estado más de 4.500 millones de euros anuales.

Es mentira que el Estado financie a la Iglesia como algunos quieren hacer creer. Son, libremente, los ciudadanos -seguramente entre ellos muchos no católicos, pero que conocen la obra de la Iglesia- los que deciden. Si ustedes ponen la x en la casilla de la Iglesia en la Declaración de la Renta -también en la de las ONGs-, estén seguros de que irá directamente a los millones de vulnerables que acuden a sus comedores y reciben auxilio, medicinas, ropa, dinero para pagar alquileres o hipotecas. Para ellos, la Iglesia es la primera puerta de la solidaridad. A veces, la única.

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