Andrés Aberasturi – Allá Nosotros.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

El ex ministro socialista Sebastián, coincide con la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, pepera de toda la vida, en que es el momento de bajar los impuestos. Y ni el uno ni la otra están solos en sus partidos: muchos socialistas dicen lo mismo que Sebastián de la misma forma que muchos ilustres cargos del PP opinan lo mismo que Aguirre. Pero no es menos cierto que otros muchos en los dos bandos, opinan todo lo contrario. Con el tema del aborto pasa algo parecido sólo que aquí las contradicciones están todas dentro de Génova. Y aunque no se manifieste claramente, la reforma educativa tampoco termina de convencer a muchos compañeros del inefable Wert. Negar que hay diferencias muy importantes entre Montoro y de Guindos, es negar lo evidente. Con el caso Bárcenas, ya pueden hacerse fotos, pero mientras unos quieren mirar para otro lado y disimular, otros (otras) pretenden llegar hasta el final.

Tener a Ana Mato sentada cada viernes en el Consejo de Ministros, a algunos colegas no les resulta cómodo y la política del Gobierno con Cataluña y en el tema terrorista, no la entienden muchos de los varones del PP. Tampoco resulta fácil interpretar al ministro del Interior cuando se pone trascendente ni al mismísimo Gallardón cuando se echa encima a prácticamente todos los que dependen de su ministerio. Pues bien; si esto ocurre entre los que están en la pomada de las reuniones, qué no pasará entre los votantes de buena voluntad del Partido Popular y con los que, con una voluntad sólo regular, votaron PP porque creyeron que el cambio que proponía Rajoy era necesario y urgente.

Ignoro qué piensa y cómo administra sus silencios el señor Presidente, pero ni pedir paciencia ni sostener lo que ya parece del todo insostenible le va a llevar a un buen puerto. Ahí están las encuestas y pese a que el PSOE va a un peor, eso no debería ser ni mucho menos un consuelo para el PP. Y lo más contradictorio es que de las dos únicas fuerzas emergentes, que son IU y UPyD, parece que a Rajoy -él sabrá por qué- le duele especialmente el partido de Rosa Diez a la que obsequia con permanentes ataques cuando es la única que le podría dar en un futuro la posibilidad de un pacto contra el pacto seguro del PSOE-IU.

Pero a Rajoy no hay quien le cambie y eso, que podía parecer bueno en ocasiones, en política resulta muy negativo; que se lo pregunten a Zapatero, el principal culpable de la debacle socialista, no sólo de la electoral sino de la bajada sin frenos que intenta liderar inútilmente Rubalcaba.

Hay que cambiar. Tanto el PSOE como el PP tienen que cambiar muchas cosas o, como decía Jáuregui, nadie les va a creer y se van a quedar más solos que la una. Pero que cambie o no el PSOE es menos importante -ahora- a que lo haga el PP porque quien de verdad interesa es quien toma las decisiones, es decir, el Gobierno. Y este Gobierno, que ha hecho cosas buenas, no puede seguir acogotando al ciudadano con la disculpa del déficit y pasando de puntillas por el adelgazamiento de las administraciones.

Este Gobierno se tendrá que haber dado cuenta ya de que con los salarios y las pensiones que hay en España, es imposible mantener un IVA como el que ha puesto y pretender, encima, que aumente el consumo. Y se tenía que haber dado cuenta de que las subidas del IRPF sólo afectan a las clases medias y van a disparar aun más la morosidad y el empobrecimiento. Y se tendría que haber dado cuenta de que no se puede vivir tan cerca de la corrupción y que puestos a ser valientes, hay que serlo también con los gobiernos autonómicos y locales y no sólo con el indefenso ciudadano. Y se tendría que haber dado cuenta que Berlín manda mucho, pero que una alianza seria de la Europa del Sur podría frenar muchas obsesiones de la señora Merkel que no es ni buena ni mala: es alemana y quiere ganar sus elecciones., nada más.

Pero no va a cambiar. Ignoro por qué motivos Rajoy se ha empecinado en no corregir sus errores y en no cumplir algunas promesas de su programa que ya podría empezar a cumplir. El problema es que no puedo terminar diciendo «allá él» porque su inmovilismo nos toca de lleno a todos así que, por desgracia, «allá nosotros».

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