Antonio Casado – Cristina Cifuentes.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

En los desayunos de Europa Press una bien arropada Cristina Cifuentes -políticamente hablando, se entiende- ejerció de delegada del Gobierno en Madrid sin esquivar ni una sola pregunta, por delicada que fuera, pero sin salirse ni un milímetro de las generales de la ley y el discurso oficial de su partido, el PP. Si lo que quería era frenar la avalancha especulativa que la sitúa a pidiendo paso a las puertas del Ayuntamiento de Madrid, no lo pudo hacer mejor.

Dijo tener ya bastante con ejercer las responsabilidades que se le han encomendado por el ejercicio de su cargo actual. Nada menos que la representante del Gobierno Rajoy en la Comunidad Autónoma de las diez manifestaciones diarias. Lo de ir bien servida en tareas lo dejó claro ante testigos tan cualificados como la secretaria general del PP, Maria Dolores de Cospedal; el ministro de Justicia y ex alcalde de Madrid, Ruiz Gallardón, y su sucesora, Ana Botella; la ex presidenta autonómica, Esperanza Aguirre, y no su sucesor, Ignacio González; el ex alcalde, Alvarez del Manzano Manzano, y viejas glorias del socialismo madrileño, como Joaquín Leguina y José Acosta.

Por eso decía al principio que Cristina Cifuentes había estado arropadísima. Con la excepción del actual presidente madrileño, Ignacio González, que se había disculpado la noche anterior por razones de agenda. González y Botella, ambos sobrevenidos en el cargo, es decir, por corrimiento de escalafón y no por haber sido elegidos directamente en las urnas, podían ser los más interesados en saber como respiraba Cristina Cifuentes ante la pregunta del millón. Pues ya tienen la respuesta: «No tengo ninguna ambición política, afortunadamente. Mi meta es acabar la Legislatura como delegada del Gobierno y no me planteo aspirar a nada, fuera de eso», dijo.

Es tanto como decir «De momento, no». No salimos de dudas para el medio plazo. Sobre todo cuando Cifuentes insiste en que su verdadera vocación es el servicio público. Si además anotamos la referencia que Dolores de Cospedal hizo en la presentación, las dudas deben haber crecido en el sentir de Ana Botella y tal vez de Ignacio González. «A partir del ejercicio de la responsabilidad se cimientan las grandes carreras políticas», dijo la número dos del PP en alusión a los retos que Cristina Cifuentes está afrontando con «enorme profesionalidad».

Y con enorme realismo, añade el abajo firmante, pues la defensa del discurso oficial del Gobierno no le impide reconocer las causas justas que anidan en esos movimientos sociales presentes en la calle. Ser defensora de la ley, y aplicarla cuando se desbordan los límites de los derechos de reunión y manifestación, no le hace perder la lucidez para reconocer en el paro, los desahucios y la corrupción, el origen del malestar social y la pérdida de confianza en el sistema. Un signo más a favor de quienes le auguran un brillante futuro político a la delegada del Gobierno en Madrid.

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