Cayetano González – Diagnóstico devastador.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Lo ha hecho un socialista de los que podrían ya denominarse «históricos». Ramón Jáuregui, además de haber sido secretario general de los socialistas vascos entre 1988 y 1997, fue vicelehendakari del Gobierno Vasco en los ejecutivos de coalición PNV-PSE de finales de los ochenta y comienzos de los 90. Zapatero no contó con el al llegar al Gobierno en el 2004, pero posteriormente, en octubre de 2010 le nombró Ministro de la Presidencia, puesto en el que estuvo hasta la victoria del PP en las elecciones generales de noviembre de 2011. En la actualidad, es diputado por Alava en el Congreso y uno de los principales colaboradores de Rubalcaba. Es el coordinador de la Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo otoño.

Pues bien, Jáuregui acaba de decir, en referencia a la clase política que «necesitamos una actitud valiente. No nos podemos poner de perfil ante los problemas, porque o cambiamos o nos echan». En estas palabras del dirigente socialista estaba implícito un mensaje para su propio partido. En las diferentes encuestas publicadas a lo largo del pasado fin de semana, el PSOE no solo es que no remonte, sino que proporcionalmente baja mas en intención de voto que el PP, e incluso la distancia con la tercera fuerza política, Izquierda Unida, empieza a ser seriamente preocupante para los intereses socialistas.

Esas mismas encuestas ponen de manifiesto que entre los propios votantes socialistas, la valoración del actual secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, es muy baja y la confianza que inspira es manifiestamente mejorable. Asimismo hay una exigencia de que las primarias para elegir al candidato del PSOE en las próximas elecciones generales del 2015 se lleven a cabo este mismo año sin esperar al que viene, como sería el plan de la actual dirección socialista. Es decir, el «tsunami» de la opinión pública, y específicamente, del electorado socialista se puede llevar por delante al PSOE si la actual dirección del partido no reacciona con prontitud.

De ahí que las palabras que Jáuregui pronunció pensando fundamentalmente en la castigada «casta» política -es ya desde hace tiempo la segunda preocupación de los ciudadanos tras la crisis económica y el paro- se puedan aplicar en toda su extensión y literalidad a su propio partido. Con una intención de voto en caída libre; con un líder que sale tan malparado en las encuestas entre sus propios votantes, parece evidente que los socialistas tendrían que hacer algo y hacerlo ya. Enrocarse en unos plazos, en un calendario preconcebido por la misma dirección que es tan cuestionada, lo único que producirá es aumentar el descontento interno y el número de voces que pedirán un cambio radical.

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