Fermín Bocos – La «camarada» Merkel.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

En Alemania no se habla de otra cosa porque acaba de publicarse un libro ( «La primera vida de Merkel» ) en el que se desvelan aspectos de la biografía de Angela Merkel sobre los que la actual canciller germana había tendido un manto de sombra. Era sabido que vivió, estudió y se doctoró en Física por la Universidad de Leipzig, en tiempos de la implacable dictadura comunista que fue la Republica Democrática Alemana; lo que no se sabía es que en sus años universitarios «fraü » Merkel había sido nada menos que secretaria de Agitación y Propaganda de las Juventudes del Partido Comunista. En los regímenes comunistas el «agitprop» era el grial, el «sancta sanctorum» de su manera de hacer política. Desde los tiempos del legendario Víctor Louis, numen de la propaganda política soviética, era tarea reservada a gente de máxima confianza, sólo militantes muy listos y convencidos nutrían este departamento que fue clave en el apoyo y el adoctrinamiento comunista en todos los países de la órbita rusa mientras existió la URSS. Qué la «camarada» Merkel formara parte de tan selecto grupo aporta luz hacia un rasgo esencial de su carácter que no parece haber cambiado: la rigidez mental, la determinación con la que persigue sus objetivos. Podríamos hablar, sin exagerar, de un registro típico del fanático. Con la misma determinación con la que antaño abogaba por la continuidad de la RDA -un régimen socialista policial-, defiende ahora con pareja cerrazón la política neoliberal de austeridad que ha llevado a la Europa del sur a los rescates y, de paso, a un callejón económico, social y político al que no se le ve salida.

Merkel tenía 35 años cuando el 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro. Era un jueves y, pese al júbilo reinante, «frau» Merkel no se sintió convocada por la alegría de miles de paisanos que experimentaron un subidón de anhelo de libertad y, visto que los «vopos» no disparaban a quienes cruzaban la líneas, se pasaron al Berlín occidental. Merkel reconoce que aquella tarde se fue a una sauna. Dice que al día siguiente, la curiosidad la llevó a cruzar al otro lado para «tomar una cerveza». No hay testigos de que así fuera. Lo que se está probado es que quien con su política e intransigencia de ahora (impuestas como dogma al BCE), ha provocado que millones de europeos deserten del ideal europeísta, hace veinticinco años no creía en ninguno de los valores sobre los que los demócratas hemos levantado la Unión Europea. Todos tenemos derecho a cambiar, pero a marcar el rumbo, cuando hablamos de democracia, unos tienen más derecho que otros. Se mire por donde se mire, lo de la «camarada» Merkel, es para nota ¡Joder con los conversos! dicho sea con perdón.

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