El Presidente y la Madrastra

Obama ha estado como hay que estar, como reaccionan casi siempre los líderes norteamericanos cuando la tragedia golpea a esa gran nación.

Con voz de barítono y gesto adusto, ha citado a Dios, ha dado las gracias a los miles de valientes que salieron a rescatar gente en la oscuridad de la noche y ha dejado claro que toca preocuparse de los supervivientes.

No ha habido en las palabras del presidente el mínimo reproche, critica o excusa. Tampoco preguntas y eso me desasosiega.

Quizá esté equivocado e ignore hasta lo más esencial de los tornados, pero jamás imagine que un desastre como el de Oklahoma, pudiera ocurrir en EEUU.

El error en el número de muertos, que inicialmente se cifró en 91 y a estas horas ha sido reducido a menos de la treintena, es comprensible, porque muchos vecinos se escondieron en los sótanos, quedaron atrapados bajo los escombros y tardaron en reaparecer.

Lo que no entiendo es que no hubiera alarmas previas o que los sofisticados servicios meteorológicos, capaces de prever con exactitud matemática en que set comenzará a llover durante el US Open de tenis o entre que hoyos del Master de Augusta de golf empezara la tormenta, no alertaran a la ciudadanía.

Oklahoma City es la más poblada de las ciudades de la Gran Llanura. Está en el corazón del corredor de los tornados y a las cuatro de la tarde, cuando el huracán tocó tierra en los suburbios del norte, los niños estaban en las escuelas, los enfermos iban a los hospitales, las madres hacían la compra en los supermercados y las gasolineras suministraban combustible.

No tuvieron ni quince minutos de margen para ponerse a salvo.

Pienso en mis hijos pequeños, cuando imagino a esos críos de la escuela Plaza Tower que corrieron a refugiarse en los baños mientras el viento convertía sus aulas en un amasijo de plástico y metal y sólo se me ocurre que la naturaleza, aunque casi lo hayamos olvidado, puede ser mala y cruel como la madrastra del cuento.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

Lo más leído