Victoria Lafora – Yo, me, mi, conmigo


En los mentideros políticos de la capital las declaraciones de Aznar a una televisión han abierto la caja de Pandora. Eran sabidas sus malas relaciones con Rajoy, pero su lapidaria sentencia sobre la inactividad del Gobierno fue la demostración de la fractura que se está produciendo en el PP.

Sus declaraciones, en el tono chulesco en que nos tiene acostumbrados, tenían un propósito principal: defenderse atacando. Un casi imperceptible temblor en su mano izquierda demostraba su inquietud ante las evidencias de haber tolerado amistades peligrosas y lucrativas. La contundencia de su tono no conseguía cargar de razón a argumentos tan peregrinos como los que utilizó para justificar el desmesurado «regalo» de boda del capo de la trama Gürtel, Francisco Correa. Decir que los mas de treinta mil euros en luces es un obsequio normal que hace cualquier invitado a un enlace suena a chiste. Si además se justifica diciendo que Correa entonces no estaba imputado, se ofende a la inteligencia de los españoles. Tampoco estaba imputado cuando compró a los alcaldes de varias localidades de Madrid que, precisamente por los «donativos» que recibieron, han dejado sus cargos y están incursos en un proceso judicial.

Su vuelta a la pantalla tenía también un segundo objetivo, al margen de amenazar con querellas sin cuento a los que osen poner en entredicho su buen nombre y el de su familia, era el de ofrecerse para el porvenir. Después de detallar un compendio de todos sus logros de crecimiento, empleo o bajada de impuestos, dejó claro que por su conciencia y honor estaba dispuesto a volver a sacrificarse para sacar a este país del caos. Parece evidente que en el «retorno» elegirá mejor los compañeros de viaje y que Cristóbal Montoro, al que un tiempo castigó con su indiferencia, no será de los elegidos.

También tumbó las esperanzas de optar a la sucesión del «converso» Ruiz Gallardón. El ahora ministro de Justicia que formó tándem con su mujer, Ana Botella, en la alcaldía de Madrid para hacerse perdonar sus veleidades centristas, no es su candidato. En caso de que la derecha del PP necesite un líder que defienda sus intereses sin complejos ahí está José María Aznar dispuesto a sacrificarse por España. ¡Pobre Gallardón con los méritos que estaba haciendo para convencer al ala dura de su pureza de principios!

Confía Aznar en la fragilidad de la memoria histórica. O puede que su ego desmesurado le lleve a creerse su laudatoria versión de su paso por La Moncloa. Pero, aunque le cueste creerlo, hay muchos españoles que no han olvidado que la maldita burbuja inmobiliaria, origen del descalabro actual, se produjo en su mandato, que los fastos y despilfarros también y que la trama Gürtel campó a sus anchas mientras el gobernaba el país.

Como tampoco han olvidado que metió a España en una guerra ilegal, la de Irak, donde no había las armas de destrucción masiva como aseguró en el Congreso.

Por último, tampoco se olvida que el PP fue desalojado del poder porque él y sus ministros trataron de engañar a los ciudadanos atribuyendo la autoría del atentado del 11M a ETA, sabiendo que se había encontrado ya la furgoneta de los fundamentalistas islámicos. ¡Vaya legado!

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