Antonio Casado – La mirada conminatoria de la UE


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Las nuevas recomendaciones de la Unión Europea para España no se salen de las coordenadas impuestas por el equilibrio fiscal en todos y cada uno de los países del Euro. Es la mirada conminatoria de Bruselas que nos vigila. Y exige más reformas estructurales. Reformas que van asociadas a las políticas de recortes en nombre de la austeridad. Al menos en la zona sur, que es a la que pertenecemos.

Sin embargo, a estas alturas es lugar común el fracaso de esas políticas. En nuestro país han alimentado el paro sin lograr sensibles reducciones de deuda pública, que ha aumentado. Ni de déficit público, que también ha aumentado si no nos hacemos la trampa en el solitario por cuenta del rescate bancario. Hasta el FMI (Fondo Monetario Internacional) ha llegado a poner negro sobre blanco que esas políticas agravan la recesión y alientan la decepción de los ciudadanos.

Otros testimonios recientes van en la misma dirección sin acabar de alumbrar un cambio de rumbo hacia medidas de estímulo o directamente encaminadas a combatir el desempleo. El señor Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, la misma que acaba de examinar la marcha de la economía española a la luz de las duras medidas del Gobierno Rajoy y en relación con las exigencias de Bruselas, parece sumarse a esa corriente. Declaró hace unos días que «las medidas de austeridad ya no son la respuesta». Sin embargo, la única traducción a hechos de lo que parece ser el amago de rectificación en Burselas, al menos respecto a nuestro país, ha sido la flexibilización del calendario que concede a España más tiempo para lograr el reglamentario 3% de déficit público.

La gente no lo entiende: gastamos cada vez menos y debemos cada vez más. Se piden sacrificios en nombre del saneamiento de la economía nacional pero la economía nacional no acaba de sanearse mientras que los sacrificios devienen en paro, desigualdad, pobreza y deterioro de los servicios públicos. Y, para colmo, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no pierde ocasión de repetir que esta política es la buena. «Dolorosa pero inevitable», decía en Paris el martes pasado, después de verse con Francois Hollande.

Reconoce Rajoy -menos mal- que esa política aun no ha dado resultados, pero no tardará en darlos en términos de crecimiento y empleo, y sobre un escenario distinto. El se refiere a que las bases de ese crecimiento serán más sanas. Otros entendemos que ese saneamiento se habrá hecho a costa de la devaluación salarial, el recorte de los servicios públicos y la pérdida de unos derechos sociales que los trabajadores ya no van a recuperar.

Todo ello, eso sí, bajo esa mirada conminatoria de la UE que nos dicta la política económica pasando por encima del artículo 1º de la Constitución: «La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado». Mentira y gorda.

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