Carlos Carnicero – Europa, el PP y el monopolio de la verdad.


MADRID, 02 (OTR/PRESS)

Establezcamos algunas realidades. La primera, la política nacional tiene poco importancia si no es para forzar cambios en la política Europea. Segunda realidad: Mariano Rajoy hace tiempo que declaró que no cumplirá sus promesas pero que cumplirá con su obligación, con su deber; eso equivale a un cheque en blanco para que haga lo que quiera. Tercera certeza: Angela Merkel repetirá como canciller de Alemania y no cambiará la política económica de Europa.

Hablemos ahora del gran pacto, puesto de moda por la oferta de Alfredo Pérez Rubalcaba al Gobierno. Se ha esbozado como una postura común de la oposición con el Gobierno para ir a Europa, es decir, a Alemania, con una sola voz que represente a los españoles.

Las primeras reacciones han sido las ya conocidazas. Dolores de Cospedal ha dicho que bienvenido sea el PSOE si va a trabajar por «el bien de España». De nuevo la dialéctica entre el bien y el mal; entre la «herencia recibida» y las bondades y los aciertos del Gobierno de Rajoy. Todos los datos indican que caminamos por el lado equivocado; la OCDE vuelve a indicar que así va a crecer el desempleo y que las políticas de austeridad sin políticas de crecimiento nos llevan al caos. Pero frente a toda evidencia, el Gobierno insiste en que actúa «por el bien de España». Y si los demás no están de acuerdo y no quieren practicar este acto de fe en los aciertos futuros del PP, están en contra de la razón del Gobierno y trabajan por «el mal de España». La política convertida en religión. Creer en lo que no se demuestra.

Hay algunas cosas difícilmente comprensibles. Alemania es la primera economía de la UE. Ha decidido desde hace ya unos años imponer sus recetas a todos los demás, sin tener en cuenta las distintas realidades sociales y económicas.

La segunda economía, el Reino Unido, no solamente no está en la zona Euro, sino que goza de un creciente antieuropeísmo. No le importa demasiado lo que haga Alemania porque ellos tienen su propia política monetaria.

Francia e Italia siguen en ranking de densidad demográfica y potencia económica. No están de acuerdo para nada con la dirección alemana, pero no encuentran la forma de hacer valer su posición teórica en la UE. Y España, es decir, Rajoy, cumple con su deber de obedecer todo lo que diga Alemania.

¿De qué pacto o acuerdo están hablando Rajoy y Rubalcaba? ¿Un pacto para alinearse con los Francia, Italia y los demás países del sur y del este que ven sus economías al pairo? O de un acuerdo para tratar el imposible de que Alemania nos considere «uno de los suyos» y sus castigos nos parezcan los de una madre rigurosa que es cruel por el bien de sus hijos.

También nos lo aclaró ayer Rajoy añadiendo oscuridad a su discurso clásico: para influir en Europa hay que ser grandes. Pero el tamaño de un país en términos socioeconómicos es una ecuación incompleta sino se le añades parámetros como el desempleo y la capacidad de endeudamiento y de crédito.

Todo esto lo he escrito con el mejor ánimo y el convencimiento de que nos vuelven a tomar el pelo. Solamente la unión de los países perjudicados por Alemania nos puede hacer influyentes en Europa.

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