Francisco Muro de Iscar – Profesores.


MADRID, 02 (OTR/PRESS)

¿De verdad queremos una educación de calidad, formar estudiantes capaces de pensar de forma autónoma, que puedan competir en el mercado laboral, que tengan una formación que les permita adaptarse a un entorno en permanente cambio, que tengan valores sólidos? ¿Se puede hacer con reformas educativas? Mentira. La única manera de conseguir este ambicioso objetivo es tener los mejores profesores. O, dicho de otra manera, hacer que a la educación sólo accedan los más preparados, los mejores. Hay sistemas que han demostrado su éxito, en España y fuera de nuestras fronteras. Por ejemplo, los médicos españoles. La alta exigencia para entrar en las Facultades de Medicina, el sistema MIR, la formación que reciben en la carrera y en los hospitales ha hecho que tengamos posiblemente el conjunto de profesionales médicos mejores de Europa.

Salvar vidas es muy importante, pero formar a los niños y jóvenes, lo es mucho más. Por eso hay que pedir un listón más alto para el acceso a la docencia. Y un MIR para los profesores que garantice que han sido formados adecuadamente y que están en condiciones de formar hacia la excelencia a sus alumnos. Y dotarles de una remuneración justa y atractiva- junto a controles periódicos de su actualización y capacitación. ¿Qué eso cuesta mucho? Infinitamente menos de lo que rendiría a corto, medio y largo plazo. Con recuperar la mitad de los millones de euros que se tiran cada año a la basura por el fracaso escolar de una cuarta parte de la población escolar sería suficiente. Pero el beneficio sería mucho mayor. Si eso se hiciera, el nivel educativo crecería hoy y en las próximas décadas de forma imparable. Si no se hace, España está condenada a ser un país de tercera, con una rémora de millones de jóvenes sin formación y sin futuro, viviendo de la caridad o del Estado. Muchos se jubilarán sin haber trabajado nunca o casi nunca y sin haber cotizado para tener derecho a la jubilación.

Cierto que, además de poner el índice en la formación inicial -no se puede seguir formando profesores para el siglo XXI con estructuras del XIX- hay que mejorar la formación continua, actualizar a los docentes, premiarles, dar autonomía a los centros, hacer que compitan. Dice con razón José Antonio Marina que «ningún Gobierno se ha preocupado de mejorar la formación inicial y, sobre todo, la formación dentro del aula de los profesores, de evaluar su competencia, de premiar a los mejores, de organizar una carrera docente, de preparar un cuerpo de directores de centros. Pues sin eso, cualquier reforma fracasará». Amén.

Ser profesor es lo más importante que puede ser un profesional porque la sociedad pone en sus manos su mayor capital. Si tenemos malos profesores, si les marginamos, si no les damos la formación, los medios, la relevancia social y la autoridad que necesitan, ¿a qué aspiramos?. ¿La religión, las reválidas? No, el problema son los profesores.

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