Charo Zarzalejos – Los niños desnutridos


MADRID, 06 (OTR/PRESS)

Consciente de que hay acontecimientos que marcan la actualidad política como es la reunión del miércoles en Bruselas, el pacto casi seguro PP-PSOE en relación a Europa, el ingreso en prisión de Blesa constituyen, todas ellas, noticias relevantes pero ninguna me conmueve. De todo el entramado informativo lo que más me llama la atención o, mejor dicho, lo único que duele es ver como la malnutrición de miles de niños españoles han adquirido la categoría de estadística. Es decir, ya no se trata de un colectivo numéricamente irrelevante o esporádico. No, la malnutrición infantil es un problema urgente a resolver y una vergüenza nacional que esto ocurra en la España del siglo XXI por mucha crisis que exista.

La última noticia ha llegado de Barcelona, pero antes llegó de Canarias y de Andalucía en donde los respectivos gobiernos han iniciado las correspondientes campañas para garantizar una alimentación suficiente a niños de familias pobres, muy pobres.

La tarea de Cruz Roja, Cáritas, el Banco de Alimentos es ingente y algún día habrá datos que nos digan hasta que punto estas organizaciones y otras han sido decisivas para que en muchas zonas de España no se produzca una auténtica explosión social.

Esta claro que en situaciones como la actual y en zonas determinadas, la vigilancia social debe ser extrema para detectar a tiempo los casos existentes pero de nada sirve esta vigilancia si la misma no va a compaña de políticas concretas. Dar de comer a los niños malnutridos no requiere de partidas faraónicas. A lo mejor bastaba con que cada gobierno autonómico revisara sus cuentas y prioridades.

Cuando de niños malnutridos se trata la elección entre lo urgente y lo necesario no ofrece dudas. Lo urgente son esos niños y luego determinados gastos, como por ejemplo, los dedicados a impulsar la secesión los responsables políticos pueden considerarlos «necesarios» pero en absoluto urgentes. Lo urgente es que los niños españoles en situación más desfavorecida coman dignamente y si para ello los gobiernos autonómicos tienen que recortar gastos que lo hagan porque siempre es posible hacerlo. Y si eso no es bastante, que el Gobierno central impulse las medidas necesarias. Cualquier cosa menos el bochorno y a vergüenza que al menos a mi me produce saber que hay niños que rebañan los platos de los compañeros y que saben, aunque nadie les diga nada, que no pueden pretender comer ese helado de colores que cuelga del anuncio del carro que ven todos los días camino del colegio. Lo maravilloso, lo casi milagroso es que la inmensa mayoría de estos niños que saben que el helado no es para ellos, además sonríen. Conozco a algunos y es esa sonrisa la que te pone frente al espejo de tu propia conciencia y de la conciencia colectiva.

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