Esther Esteban – La «vice» Soraya


MADRID, 07 (OTR/PRESS)

El 21 de diciembre de 2011, cuando Mariano Rajoy dio a conocer la composición de su gobierno, dejó claro que tenía una persona de confianza: Soraya Sáenz de Santamaría. Durante el tiempo que ha transcurrido, la confianza del «jefe» -apelativo cariñoso con el que ella le suele llamar- ha ido en aumento y según reconocen todos no hay prácticamente ningún asunto de trascendencia o decisión que el presidente quiera tomar que no sea consultado o comentado con la «vice».

Estos días a raíz de que el sábado pasado se publicara en el BOE que Soraya Sáenz Santamaría sumará a sus cargos como ministra de la presidencia, portavoz del gobierno y vicepresidenta política, la vicepresidencia de la comisión delegada de asuntos económicos, acumulando así el mayor poder que ha tenido nunca un ministro, he recordado una entrevista que le hice en Mayo del 2008, tras su nombramiento como portavoz de su grupo parlamentario. Era una entrevista no de carácter político sino personal, que fue la portada de la revista Yo DONNA, y en la que me relataba pormenorizadamente como conoció a Mariano Rajoy.

«Mi aterrizaje en política se produjo por casualidad. Tenía 27 años conseguí mi plaza de abogado del Estado en León. Allí me tocó lidiar con varios asuntos complicados relacionados con la minería. Mi preparador de la oposición, Eugenio López -que fue director general de deportes con Rajoy y luego director general de la presidencia del gobierno- me dijo que el vicepresidente estaba buscando un abogado del Estado para su gabinete y que le mandara un currículum. Me llamaron a Moncloa y allí me entrevistó Francisco Villar, que curiosamente había firmado mi título como funcionario y dos días después me dijeron que estaba admitida. El primer día que llegué a la Moncloa me dijeron que íbamos a ver «al jefe» y ese es el origen de que yo siempre le haya llamado así, aunque se haya creado toda una leyenda al respecto.

Estuvo muy amable y cercano me preguntó si ya había resuelto lo de mi traslado de mi casa y sin más me pidió que le hiciera para el día siguiente un informe sobre cómo juzgar en España, en ausencia, a unos mafiosos italianos. El asunto trajo de cabeza al gobierno pero salió adelante y desde ese momento Mariano Rajoy y yo hemos trabajado juntos hasta ahora. Todo lo que sé de política lo he aprendido de él». Así, de forma sencilla y directa la hoy todopoderosa vicepresidenta relataba sus primeros pasos en la cosa pública.

Aunque su bautismo de fe en la política no llegó hasta las elecciones del 2004. «Rajoy me propuso que le echara una mano con el programa electoral y creí que, por coherencia, era conveniente que me afiliara. Jamás había pertenecido a ningún partido político». Soraya Sáez de Santamaría entonces no podía imaginar que aquella decisión, llevaría aparejada uno de los momentos más amargos de su vida y también que consiguiera, por casualidad, su acta de diputada por Madrid, gracias a la marcha de Rodrigo Rato al Fondo Monetario Internacional.

Aquella noche de la derrota cuenta la leyenda y, ella no lo desmiente, que lloró desconsoladamente al ver que su partido político había perdido las elecciones. «Hay algo de leyenda urbana en lo que ocurrió aquella noche, pero es verdad que en este mundo de la política te vas endureciendo y ese día yo me mostré muy humana. Soy una persona que llora a menudo porque el llanto me desahoga y me quita la tensión, pero lo hago siempre en privado. Incluso me da pudor que mi marido o mis familiares me vean llorar», relataba con toda naturalidad.

Han pasado nueve años desde esa escena y cinco desde la publicación de la entrevista, que he reproducido en parte, y tal vez de esa Soraya a la de ahora quede bien poco, salvo su lealtad al jefe y su intensísima capacidad de trabajo. Ahora es mucho menos ingenua, mide más las palabras, apenas concede entrevistas y es a ella a quien llaman «jefa». Aunque nadie pone en duda su capacidad política, ser la número dos tanto política como económica del gobierno tiene riesgos.

Es la cara y la voz del consejo de ministros los viernes y no ha perdido pegada en el cuadrilátero parlamentario pero ya se han alzado voces advirtiendo de que se puede estar vistiendo a un santo y desvistiendo a otro porque si la política es importante, en los tiempos que corren, la economía lo es todo. Ser la «jefa» de ambas cosas, por mucha capacidad que se tenga es mucho. !Ojalá no sea demasiado!.

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