Fermín Bocos – La corrupción y la prensa


MADRID, 07 (OTR/PRESS)

Conocidos los resultados del último estudio del CIS que refleja que la preocupación por la corrupción habría caído del 39,3 al 30,7 por ciento, mientras que la inquietud por el paro subía del 80,7 al 82,4, hay medios que han destacado el dato interpretándolo como una evidencia de que el personal cree que la justicia está actuando más, que investiga mejor los casos de corrupción y que, en consecuencia, se está saneando el patio. Creo que la clave que explica semejante cambio en la percepción reside en el hecho de que algunas de las tramas corrupción es muy abultada la lista de personajes conocidos por el gran público -dada su condición de políticos- y al ser investigadas han sido muy aventadas por la prensa.

La gente del común ha oído hablar mucho de los papeles del Bárcenas, el extesorero del PP; de los «ERE» de la Junta de Andalucía; de las ITV de Cataluña que tienen en los tribunales a uno de los Pujol; del «caso Campeón» por el que investigan al ex ministro José Blanco; del caso de Jaume Matas exministro y presidente de Baleares; del caso del exconseller Blasco que amenaza con fractura al PP de Valencia y sabe todo, o casi todo, de la investigación judicial acerca de las andanzas de Iñaki Urdangarín, el yerno del Rey. Sabe porque los medios -unos por delante de otros y salvo excepciones que avergüenzan-, están cumpliendo con su deber cívico de denunciar los casos de corrupción.

Sin prensa libre la corrupción que es el cáncer de la democracia, se extendería por todo el cuerpo social. La prensa cumple, pues, un papel esencial al airear hechos y aportar datos sobre abusos o maquinaciones que desembocan en enriquecimientos ilícitos. Se puede demostrar que existe una relación directa entre la publicación de noticias sobre asuntos relacionados con casos de corrupción y el incremento de la preocupación de los ciudadanos por estos asuntos.

Quiere esto decir que sí, por las razones que fueren -afinidad de un determinado medio con el político o el partido al que mancha un caso de corrupción o porque la situación financiera de tal o cual periódico le tiene contra las cuerdas- la prensa dejara de publicar o rebajara el pistón de las denuncias, la percepción que tiene la gente acerca de la corrupción como problema iría, poco a poco, difuminándose. Si no hasta desaparecer, sí para ser aceptada con resignación, como fatalidad integrada en el paisaje a la manera de lo que ocurre en Italia. Sería letal para la buena salud de nuestra sociedad tan necesitada de transparencia y regeneración en los asuntos públicos. Digo esto al hilo de la preocupante novedad traída por el último episodio del «caso Blesa», expresidente de Cajamadrid. En vez de investigar lo ocurrido en Miami con la compra allí de un banco y las sombras que rodean aquí a una partida de 100 millones de euros, hay quien ha decidido cargar contra el juez que instruye el caso. Preocupante.

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