Fernando Jáuregui – Peñíscola, «aislada» sin imputados


MADRID, 07 (OTR/PRESS)

Pero ¿A quién se le ha ocurrido celebrar nada menos que una gran convención política del Partido Popular este sábado en Peñíscola, territorio de la Comunidad Valenciana? Quién sabe lo que anida en las brillantes mentes de algunos estrategas del partido que sustenta al Gobierno de la nación. Y, dentro del territorio de la Comunidad más castigada por los casos de corrupción que campan por la piel de toro, ¿Por qué Peñíscola? Aquí sí que la respuesta es fácil: es el único punto de la Comunidad levantina en el que no hay ningún imputado «político» del PP. Y es ahí, en el parador de Peñíscola, donde Mariano Rajoy se encerrará a conmemorar los cinco años transcurridos desde que, junio de 2008, salió reelegido presidente del PP, precisamente en la capital del Turia, tras soportar conspiraciones internas, defecciones, alfilerazos y todo tipo de puñeterías procedentes de los propios, que ya se sabe que hay enemigos, enemigos a muerte y correligionarios.

Ahora, Rajoy tiene que clausurar la magna convención levantina en medio de un panorama que, sinceramente, yo no envidiaría: el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, y la alcaldesa valenciana, Rita Barberá, sostienen unas relaciones algo peores que malas; Fabra, a quien se acusa de clara falta de liderazgo, hasta el punto de que casi contrata a un «coacher» para darle seguridad, trata de echar al diputado Rafael Blasco, acusado de graves irregularidades, pero que se niega a marcharse, alegando que es inocente de cualquier desviación; cuchufletas aseguradas.

Y luego, claro, resulta que hay dos alcaldes y medio de las tres capitales de provincia de la Comunidad imputados, lo mismo que otros alcaldes de otras varias localidades, un ex presidente de Diputación y un ex presidente de la Comunidad que está a punto de imputación. Casi nada. Así que la Convención, que un malhadado día se había decidido que se celebraría en territorio levantino, no podía tener lugar ni en el Alicante de la polémica -por decir lo menos- alcaldesa Sonia Castedo, ni en el Castellón de Bataller, ni en la Valencia de Rita Barberá, sobre quien también pende la espada de Damocles de la imputación por presuntos favores en el «caso Nóos», aunque quien suscribe tiene para sí que la carismática alcaldesa de la capital valenciana se librará del mal trago. Así que la designada fue Peñíscola, la ciudad rodeada de mar, inexpugnable a tentaciones demasiado terrenales.

Lo peor, desde el punto de vista de la imagen, es que todo el mundo tendrá la vista puesta este fin de semana en esta Comunidad, que, justa o injustamente -más bien lo primero, temo-, se ha convertido en el paradigma de las malas prácticas políticas. Y hasta allí van a llevar, este sábado, a un Mariano Rajoy de quien todos vivimos esperando un gran discurso político que no llega, una completa regeneración de los usos políticos de este país nuestro y un viraje de timón que jamás se produce. Y, en las cenagosas aguas de los subterráneos valencianos, aún menos.

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