Victoria Lafora – El rechazo.


MADRID, 08 (OTR/PRESS)

Ese sentimiento de desapego ciudadano frente a las instituciones y las fuerzas políticas que reflejan las encuestas, ha saltado a la calle. Los abucheos y desplantes se han convertido en el acompañamiento habitual de cargos públicos. Posiblemente sea la Casa Real la que se esté llevando la peor parte por su exposición pública. Ayer, en Cieza, fue la Reina quien tuvo que poner buena cara a los que la esperaban a la puerta del teatro con banderas republicanas y gritos contra los recortes.

Dicen los bien pensados que todo esto no es más que una marea de mala educación; como si de repente un sector de la sociedad hubiera perdido, por ensalmo y sin causa aparente, los modales.

El problema es que se contemplan las encuestas como un riesgo soslayable, dado que falta mucho para la próxima cita electoral. Creen las direcciones de los partidos, ciegos a todo lo que no sea su cálculo electoral, que una mejoría económica traerá a los votantes al redil.

Precisamente son las falsas expectativas, las promesas incumplidas y la amenaza constante de nuevos recortes de derechos sociales los que han echado a la gente a la calle y eso no se va a solucionar en las urnas.

Hace pocos días, los Príncipes tuvieron el mismo recibimiento en el Liceo de Barcelona. No son responsables del caso Urdangarin pero la ciudadanía recuerda la frase del Jefe del Estado en el discurso de Navidad reconociendo la igualdad ante la ley y se mosquea cuando el fiscal (dependiente del Gobierno) se opone a la imputación de la Infanta y cuando los inspectores de Hacienda no se explican el entorpecimiento en la investigación del incremento de los ingresos de la hija del Rey. ¿Somos iguales, o no?

Difícilmente Mariano Rajoy, que raramente pisa la calle y cuando lo hace es llevado en volandas por su protección policial, conoce el grado del malestar popular . Su afición a las nuevas tecnologías le lleva a vivir la realidad a través de una pantalla de plasma, que utiliza para comunicarse con los españoles y para conocer su estado de ánimo. Es una realidad virtual donde, al parecer, no se distinguen las caras de desolación ni las frases de repulsa.

Cuando algún miembro del Gobierno, e incluso de la oposición, se atreve a bajar a la calle, comprueba en sus carnes mortales hasta donde llega la repulsa del respetable. Que se lo digan al ministro Wert, que tuvo que esconder la mano una y otra vez en la espalda, ante unos estudiantes, premio fin de carrera, que se negaron a saludarle.

¿Eran unos maleducados? No. Son los mejores de la Universidad, muchos de ellos de familias trabajadoras, que se solidarizan con los que viene detrás. Esos otros estudiantes que no va a poder acabar sus carreras por la subida de las matrículas y la rácana política de becas del ministro Wert.

La reforma/recorte de las pensiones, el último bastión del estado del bienestar, el soporte de muchas familias sin ningún tipo de ingresos, el cobijo precario de abuelos, padres y nietos, puede ser la gota que colme el vaso.

Entonces solo la guardia civil protegerá a Mariano Rajoy de una protesta ante la misma puerta de Moncloa. Van a tener que vivir escondidos por no tener el coraje de salir a la calle y justificar sus dolorosas decisiones.

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