Cuadrando el círculo


Leo en el comentario de una agencia de noticias financieras que los inversores y analistas consideran los resultados del informe de empleo norteamericano publicado el viernes, como “el mejor de los mundos”.

Dicho así, cualquiera pensará que en EE.UU. han descubierto el mundo feliz, pero no, a pesar de semejante expresión de satisfacción de analistas e inversores, la economía norteamericana emplea a 135,6 millones de personas, y no ha recuperado por lo tanto los 138 millones de empleos que había en 2008, de modo que la felicidad debe de venir por otro lado.

Los mercados financieros viven en una especie de narcolepsia desde que los bancos centrales adoptaron una política de inyección masiva de liquidez. Es la llamada política monetaria no convencional o también de expansión cuantitativa o QE.

Consiste básicamente en inyectar, por diversos canales, dinero nuevo al sistema financiero con la pretensión en primera instancia de que el sistema se mantenga a salvo a si mismo de posibles colapsos, y después con el ánimo de que los recursos pasen a ser prestados a los agentes económicos con destino final en el consumo y la inversión. Pero las cosas no están funcionando exactamente así.

Los fondos que llegan al sistema financiero son retenidos en gran parte, y han de ser colocados.

Acusando la fuerte demanda, los precios de los activos sin riesgo suben y por lo tanto sus rentabilidades bajan. Lo mismo ocurre con otros activos como la renta variable, considerada ya cara por muchos analistas, particularmente en el caso de EE.UU.

Cabe poco que discutir en relación a como denominar la influencia de este tipo de política monetaria en la economía.

Se denomina manipulación. Los inversores asumen que siempre habrá un comprador de último recurso, el banco central, de modo que la percepción de riesgo es muy limitada.

Aún así, algunos empiezan a tener la mosca detrás de la oreja porque nada puede subir indefinidamente, y sobre todo, porque la Reserva Federal tiene en su seno diferentes sensibilidades en cuanto a mantener este tipo de política en el tiempo.

El punto de encuentro de estas sensibilidades diferentes es la marcha de la economía, y en concreto la evolución del mercado de trabajo. ¿Y que pasaba el viernes? Pues que los inversores lo querían todo.

Querían que el dato fuese bueno, porque un buen dato significa más empleo y una economía que sigue creciendo, y eso lo quiere todo el mundo.

Sin embargo, no podía ser demasiado bueno, porque de otro modo, la Reserva Federal podría adelantar el momento en el que reducir la cantidad de efectivo que inyecta en la economía y eso supone hacer la vida más difícil a los buscadores de rentabilidad con seguridad, que son casi todos.

El caso es que se produjo la cuadratura del círculo.

El dato fue aproximadamente como se había estimado, ni malo para que no se asustase nadie de los que teme que la economía pueda estar enfriándose como dejan entrever algunos datos, ni lo suficientemente bueno como para que la Reserva Federal se plantee una rápida retirada de los estímulos monetarios: “El mejor de los mundos”.

Ahora pregunte sin miedo: pero… ¿así de frágil está la cosa? Ya ve el absurdo al que hemos llegado, como en la copla: “ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio”. Pasa cuando algo está tan manipulado, que no se sabe como salir de ahí.

¡Vida extra, un mes más! …
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