Fernando Jáuregui – La auténtica guerra de las galaxias


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

La privacidad y la intimidad de las personas individuales están en el fondo de una auténtica «guerra de las galaxias» que enfrenta no solamente a los Estados con sus ciudadanos, sino a las naciones más poderosas entre sí. Los casos de los espionajes masivos a particulares en Estados Unidos y el contencioso que enfrenta, por el dominio de las redes de Internet, a Washington con Pekín, con Rusia como «espectador atento», son meros indicios de la batalla que se está librando en los subterráneos; no falta algún «Estado gamberro» que opine que, quien controle a más y mejores «hackers», se estará haciendo con el control del mundo. De esto es de lo que hablamos, nada menos.

La «guerra de las galaxias» afecta de manera directa a todos y cada uno de nosotros: ya nos advirtió el mismísimo Obama -con la complicidad nada sorprendente de Putin- que la seguridad afecta necesariamente a parcelas de la libertad de los ciudadanos. Lo malo es no saber quién decide a qué ciudadanos, o colectivos, afecta este dogma emitido desde los poderes ejecutivos de las superpotencias, y en qué medida les afecta. ¿Cuánto es el grado de libertad que se recorta? ¿Se dirige la sospecha contra quien podría -podría- cometer un delito, contra ciudadanos importantes que podrían ser objeto de chantajes, contra cualquiera, en plan aleatorio?

Alguna vez he dicho que, con su manejo de los casos Assange-soldado Manning y de Edgard Snowden, el «topo» que filtró el espionaje de EE.UU contra ciudadanos, empresas y colectivos, Obama ha perdido una parte importante de su prestigio, al menos ante mis ojos. Al intentar justificar lo que para mí es injustificable -admito que el tema es polémico-, el presidente norteamericano ha dejado de ser un adalid de las libertades y de los derechos humanos, a cuya sombra se cobijaron muchos de los votos que recibió.

Claro que el desprecio por algunas libertades civiles se exporta. Aquí, en España, nadie se escandaliza, al parecer, por que el ministro de Justicia proponga meter «troyanos» en nuestros ordenadores, o ante el hecho de que una transcripción de la declaración del presidente del Senado ante el juez, en relación con los sobresueldos de políticos del PP, se reproduzca en una radio nacional, filtrada a saber por quién. Son dos ejemplos, pero usted, querido lector, sabe que podrían ponerse muchos, muchos más: este es el país de las filtraciones de sumarios, de los espías de Método3, de los «pinchazos» telefónicos masivos.

La pérdida de la seguridad jurídica es el principal ingrediente para la caída de la calidad de una democracia, o de la democracia misma. Me atrevería a decir que prefiero arriesgarme a afrontar alguna parcela de inseguridad antes que tener la seguridad de que algún(os) gran(des) hermano(s) tienen un excesivo interés en mantener sus propias seguridades… a mi costa.

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