Victoria Lafora – El error de Montoro


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Al locuaz y displicente ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se le cerró la boca durante seis días y no fue capaz de explicar porque habían atribuido en su departamento la venta de fincas a la hija del Rey. Ahora dice que ha sido simplemente un error, minimiza su relevancia y pide al resto de partidos que no lo utilicen políticamente. Se permite, incluso, recordar que quien crea que no se cometen errores en la administración es «que no está en este mundo».

¡Horror y pavor! ¿Quién se va a fiar ahora de que la Agencia Tributaria sabe lo que hace con las declaraciones de la renta de los ciudadanos de a pie? ¿Con que rigor no habrá que revisar los datos que Hacienda facilita sobre el borrador del IRPF para evitar que cuelen bienes ajenos?. Si eso han hecho con un miembro de la Casa Real ¿qué no harán con el común de los mortales?

El año pasado, al ínclito ministro se le ocurrió poner en marcha una amnistía fiscal para los evasores de capital, con tan magníficas garantías que se acogió hasta Bárcenas, justo cuando el resto de los contribuyentes hacían su declaración de la renta. Era un ejemplo demoledor para los que cumplen con su obligación y una forma estúpida de demostrar que Hacienda no somos todos. Dejó la sensación de que pagar al fisco es tener condición de «pringao». Un año después, en el mismo periodo de declaración del IRPF, crea la más absoluta inseguridad sobre el funcionamiento del ente recaudador.

Un institución más que, por el mal hacer político, sufre descrédito y serias dudas sobre su funcionamiento. Se empieza a cuestionar si va a quedar algún órgano del Estado que salga indemne de esta crisis de valores que está poniendo en solfa a la democracia.

Tras varios comunicados de la agencia tributaria, a cual más inverosímil, Montoro ha sido empujado por los suyos, que no ocultaban su estupefacción por lo ocurrido, a comparecer en el Congreso tras la sesión de control. El, que se regodea dando las lecciones a diestro y siniestro, está vez no tenía ganas de hablar. Fue visto y no visto.

Salió, dijo que había ocurrido un error en «la carga de datos» y que estos se habían trasladado a sede judicial. Como sonaba chusco añadió que se había ordenado un investigación interna y exigió, (sí, exigió) que se esperase a los resultados de la misma. Ahora bien, hay que consignar que intentó tranquilizar a los contribuyentes cuando dijo que había encargado que esto no se volviera a repetir y que se había apresurado a pedir disculpas a la Casa Real. Se acabó el problema. Y a otra cosa mariposa.

Los amenazados por sus andanadas desde el escaño del Congreso, diputados de otras formaciones, cantantes, actores, periodistas, pueden dormir tranquilos. Cuando advertía que sabía con certeza quien o cuantos no cotizaban, se estaba marcando un farol. Hoy ha demostrado que, con su incompetencia, ha añadió un grado más en la desconfianza que suscita una institución como la Monarquía a la que su partido dice defender.

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