Fernando Jáuregui – Jefes de Gabinete y demás


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Vaya por delante que me parece muy positivo que el Gobierno de España acometa una reforma en profundidad de las administraciones públicas. Tanto en lo que se refiere a la marcha autonómica como a la de la Administración central del Estado y a la local, es preciso un cambio urgente de mentalidad, que, a falta de conocer detalladamente este viernes las 217 propuestas que contiene el informe que pretende poner coto al desmadre administrativo, confío en que se esté produciendo de manera efectiva, aunque sea poco a poco.

Pienso que es indudable que el Estado necesita una reducción de tantas tareas duplicadas, de tanta legislación innecesaria, de tantos organismos sesteantes, de tantas arbitrariedades territoriales que hacen pensar en virreynatos. Y creo que hay que simplificar la vida de los ciudadanos en su trato, tantas veces tan espinoso y arduo, con la Administración. De manera que ésta esté al servicio del ciudadano, en lugar de dar la impresión de que es lo contrario.

Lo que me pregunto es si esta reforma, aún apenas enunciada, acabará con los viejos tics, con la coraza protectora de tanto personaje público, incapaz de dar un paso sin la compañía del jefe de gabinete, del de comunicación, del de protocolo, de un par de asesores, de un guardaespaldas y de un chófer, al menos. Personal todo que se ve en la obligación de justificar su presencia multiplicando obstáculos, imponiendo distancias con «el jefe» (cuya vida guarde Dios muchos años), creando conflictos protocolarios -ese «jefe» ha de ser tratado con total preeminencia–. El cambio de mentalidad al que aludo implica, sobre todo, saber que hay que gobernar de manera mucho más cercana a la gente de la calle, que es la que elige y paga a sus representantes.

No quiero dejar la impresión de que me recreo en la crítica. En mi opinión particular e intransferible de viejo periodista político que aspira, sobre todo, a mantenerse independiente, el Gobierno de Mariano Rajoy está enfilando, tras demasiados meses de pasividad y desconciertos, por la buena ruta. Con todos los fallos que usted quiera en ministerios concretos, con todas las características de falta de liderazgo que usted pueda apreciar en quien ahora necesita más que nunca abrillantar cualidades de hombre de Estado. Pero lo cierto es que se aprecian pasos positivos: proyecto de ley del Emprendedor, pacto con Rubalcaba -que debería extenderse a otros terrenos, además de a la acción conjunta ante la UE- y, ahora, reforma de las administraciones. Pues adelante, que no decaiga y a profundizar en lo iniciado: es, ya digo, toda una revolución mental, mucho más que una mera informatización de servicios públicos, lo que se necesita.

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