Isaías Lafuente – Griñán marca un camino


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

José Antonio Griñán ha anunciado que no se presentará a las próximas elecciones autonómicas en Andalucía y abre en su federación, la más importante del PSOE en España, un proceso de renovación que no acabará en la búsqueda de un nuevo candidato o candidata a la presidencia de la Junta. Se entiende que un hombre que pasará de los 70 en los próximos comicios, miembro de un partido contrario a retrasar la edad de jubilación, decida poner fecha de caducidad a su vida política cuando ésta se habrá rebasado ampliamente en el próximo horizonte electoral. Y se entiende que un político bregado, que mantuvo el poder en las últimas elecciones a pesar de no haber ganado las elecciones, interprete que para recuperar el pulso ganador en tiempos convulsos se requiera de nuevas caras que sean capaces de hacerlo. Si la elegida es Susana Díaz, actual consejera de Presidencia, que no había entrado en la escuela cuando se aprobó la constitución, el relevo no será solo nominal sino generacional.

Se puede subrayar la condición de «pato cojo» con que se tilda a los presidentes que mantienen el poder sabiendo que no repetirán. Pero ese perfil, pudiendo ser una contrariedad, también puede constituir una oportunidad que le otorgue a partir de ahora un plus de independencia y autonomía en su acción de gobierno. Se verá. Pero la decisión de Griñán sobrepasa las estrictas fronteras de lo personal y lo andaluz. Es además una señal que envía a su partido, en su condición de presidente, en donde el debate de la renovación está abierto.

Esta misma semana, una encuesta constataba que desde que se celebraron las últimas elecciones generales el PP ha perdido 14 puntos de su mayoría absoluta y el PSOE, 7 de su minoría absoluta. Siendo una hemorragia el doble que la otra, es evidente qué enfermo tiene un peor diagnóstico. Rubalcaba está empeñado en renovar primero el mensaje y buscar después el cartel electoral que lo defienda, una opción que, de momento, se muestra incapaz de contener la sangría de potenciales votantes que, por lo que se ve, no están para muchas sutilezas teóricas. Hoy sabemos que Griñán opta por lo contrario, dejar el campo abierto y el tiempo suficiente para que su relevo fragüe y articule el programa que deberá defender en las urnas. Ambas opciones son legítimas. Y quizás la única diferencia entre ambas no haya que buscarla en lo político sino en lo personal: Griñán ya ha decidido lo que quiere ser de mayor, Rubalcaba no. O no lo cuenta.

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