Charo Zarzalejos – ¿Meigas en el PSOE?


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Poco le ha durado la paz a Alfredo Pérez Rubalcaba. Estaba satisfecho con el acuerdo con el Gobierno, aunque su recorrido y alcance sea bien limitado, pero había ayudado a dar al PSOE la imagen de un partido de Gobierno, de oposición responsable y alejado de cualquier estridencia. Sabe Rubalcaba que las elecciones se ganan en el centro y que para ganarlas hay que convencer a aquellos que «no son de los nuestros». Nunca pensó que el encuentro en Moncloa solucionaba los problemas del PSOE y ni siquiera que la firma del mismo le pusiera a salvo de los avatares internos. Sabía casi todo, menos lo que ha ocurrido. Nunca pudo imaginar que José Antonio Griñán, convertido en escudero del propio Rubalcaba, iba a dar el paso que ha dado. Mejor dicho, que iba a dar el paso que ha dado en este preciso momento en el que se había logrado un microclima de cierta paz interna necesario para afrontar «sin ansiedad» el debate de ideas previsto para después del verano y en el que Ramón Jáuregui se está dejando la piel.

Imposible, se mire como se mire, encapsular en Andalucía la decisión de Griñan y, por tanto, imposible creer que su decisión no va a tener «efectos secundarios» en el PSOE y en sus movimientos internos, todos ellos dirigidos, con mayor o menor sutileza, a que Alfredo Pérez Rubalcaba deje de estar donde está. Esta y no otra es la cuestión que se dilucida en el seno de los socialistas españoles que si bien todos admiten que, efectivamente, necesitan dotarse de un proyecto creíble e ilusionante para el conjunto de los ciudadanos, son muchos y muy significados los que consideran que «no hay proyecto sin rostro». Quienes esto dicen aseguran que la cara «no es la de Alfredo».

Hay que reconocer que el secretario general del PSOE no tiene, lo que llama «un día tranquilo». La perplejidad entre sus más próximos es absoluta y aunque de momento -solo de momento- Rubalcaba ha tratado de «encapsular» en Andalucía el adiós de Griñán no es nada seguro que lo pueda conseguir. Apuesta por mantener el calendario establecido pero la experiencia está demostrando que el papel lo aguanta todo. Cosa bien distinta es la realidad y la realidad socialistas, al menos la de la actual dirección federal, es una realidad adueñada por las meigas, esas brujas que nadie ha visto pero que nadie, al menos en Galicia, niega su existencia.

Griñán ha abierto una espita muy importante y no sin cierta incoherencia. Sus motivaciones hay que respetarlas y su decisión también, pero la urgencia de su discurso proponiendo nuevos pilotos para nuevos tiempos casa mal con su voluntad de permanecer al frente de la Junta, nada menos, que otros tres años. Lo de Griñán no ha sido una ocurrencia. Obedece a una estrategia y tiempos bien diseñados en Andalucía y para Andalucía en donde en cuestión de semanas se procederá a las primarias. Todo esto no se diseña en un día pero los actuales dirigentes del PSOE ni pueden ni deben caer en el mantra de que es una cuestión meramente andaluza. Ni Rubalcaba ni Valenciano han perdido la cabeza, Saben mejor que nadie los posibles «efectos secundarios» y, en primera instancia -solo en primera- van a tratar de evitar posibles contaminaciones, pero las meigas están por ahí, merodeando y sin garantía alguno de que el día menos pensado, por la circunstancia más inimaginable tomen cuerpo y Rubalcaba vuelva a estar en boca de todos.

¿Debe un hombre de la trayectoria de Rubalcaba estar en boca de todos?. ¿Debe soportar esa larvada contestación interna?. La respuesta, sobre todo cuando asume determinadas responsabilidades y quiere a su partido como es el caso del actual secretario general, no es fácil, y más-y esto es lo que realmente le preocupa– cuando no se sabe en que manos puede caer el partido. La actual dirección necesita tiempo, reflexionar sobre la actual situación y, a continuación, tomar una decisión. ¿Alguien se atreve a descartar de manera rotunda que Rubalcaba diga, «hasta aquí he llegado»?. El panorama no es para menos.

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