Fermín Bocos – Los intocables


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

Lo peor no es la corrupción que aquí y allá salpica a casi todos los partidos. Lo desolador es la escasa, por no decir nula, voluntad de cortar por lo sano que se detecta en las cúpulas de los grandes partidos. Así las cosas, resulta que la tarea de sanear el país y acabar con las prácticas políticas corruptas queda en manos de los jueces. Es el suyo un trabajo no exento de presiones porque también es frecuente que desde los partidos de los investigados por casos de corrupción pongan en circulación todo tipo de insidias diseñadas con la insana voluntad de desacreditar al juez o al fiscal encargado del caso. Insidias que recogidas por los medios afines acaban creando estados de opinión hostiles . No es cosa de ahora, viene de lejos.

Lo vimos cuando algunos dirigentes del PSOE (con Rodríguez Ibarra a la cabeza) cargaron contra el juez Marino Barbero en los días en los que el magistrado investigaba Filesa y las demás empresas de una trama de financiación ilegal que dio en la cárcel con los huesos de algún parlamentario socialista. Lo hemos vuelto a ver en el caso de los ERES de Andalucía que investiga la juez Alaya y estamos viendo que se repite cuando Carlos Floriano, (portavoz del PP ), sin cortarse un pelo, acusaba al juez que indaga las ramificaciones del caso Bárcenas de abrir «una causa general contra el PP». Afortunadamente el magistrado Ruz no se ha dejado intimidar y Luis Bárcenas, tesorero del PP hasta hace unos meses, ha sido enviado a prisión.

Presiones de los políticos, cuando no actitudes despectivas encaminadas a desacreditar a los jueces o a los policías que les ayudan en las investigaciones. «¿Qué coño es la UDEF?» preguntaba con altivez y desprecio Jordi Pujol, fastidiado por una pregunta sobre las andanzas de su hijo Oriol Pujol (secretario general de CDC) implicado en un caso de presunto tráfico de influencias que ha sido investigado por ésta unidad policial de élite.

Son formas inaceptables de presión; intentos de coaccionar a quienes cumplen con su deber. Menos mal que los jueces aguantan y siguen trabajando para depurar corruptelas. Son nuestra última esperanza para acabar con los políticos corruptos que han venido actuando como si fueran intocables.

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