Andrés Aberasturi – Victoria o muerte


MADRID, 01 (OTR/PRESS)

El apasionado periodista deportivo Tomás Roncero escribía en twitter poco antes del partido contra Brasil algo así como: «Todos con la roja. Victoria o muerte» y uno, que ya va siendo mayor y sabe más de derrotas que de triunfos, se permitió contestar: «Si esa es la alternativa, la verdad, firmo un empate». Y llegó el 3-0. Porque al final en la Historia quedan siempre las grandes frases recubriendo de purpurina ajada los desastres y los fracasos, las derrotas y los errores porque nunca nadie, ni hombres, ni dioses, ni pueblos consiguen ser sublimes sin interrupción y caen del caballo o se tiran, hartos de liderazgo, o alguien, más fuerte que su propia fortaleza, les seduce con cantos de sirena homérica varada en la distancia.

Los pueblos viven siempre la famosa carrera de la película Ben-Hur con la diferencia de que aquí todos tienen ruedas dentadas, espías que te espían y espías que espían a los que espían. Cuando se descubre el pastel, se ponen dignos y en lugar de hacer una gran frase para la Historia, se plantean -de broma, claro- boicotear acuerdos de comercio o llaman a consulta a los embajadores. La Historia, hoy lunes que escribo todo esto, me resulta en general bastante miserable y bastante infantil. Ahora Europa tiene que poner cara de asombro y gesto de cabreo ante el espionaje de los EEUU, cosa que en Europa se ha sabido de siempre, mientras los croatas celebran con alborozo su entrada en la Unión de la que echan peste la mitad de los miembros del selecto club. Pero tenía razón su embajador en esta España que ya ni es de siesta y mucho menos de pandereta diga lo que diga «Der Spiegel»; decía el embajador de Croacia que es verdad que entraban en una casa con goteras, sí, pero que fuera diluviaba. Pues eso. Victoria o muerte, gotera o diluvio, productividad o siesta.

Vivimos instalados en las alternativas radicales que reforzamos a base de frases con vocación histórica. Pero ni los únicos caminos válidos son los que bordean los caminos por los extremos ni las frases, la mayoría de las veces, pasan a la Historia. Todo es más sencillo de lo que parece y se pierde contra Brasil porque a ellos les salió un partido redondo y a nosotros uno desastroso; nos espían los EEUU como nosotros les espiamos a ellos -nosotros no creo, que estamos en crisis, pero sí la Gran Bretaña, Francia o Alemania- y espías y espiados se sientan luego tan enemigos para hacer hermosos discursos sobre un Berlín herido en su mitad o unificado por un simple error de comunicación y ya tan dictatorial que hasta cuestiona, desde la ignorancia histórica, la siesta española como si aquí, ay, de verdad esa vieja costumbre estuviera protegida por las leyes y regulada por convenio. Que lo sepas «Der Spiegel»: en la España de hoy no duermen la siesta ni los parados porque los lunes al sol y sin trabajo no dejan conciliar ni una cabezadita.

No es que no pase nada, claro, pero no pasa demasiado en la macro política. Duele el 3-0 pero nadie está dispuesto a morir. También duele que te pongan un micrófono en el florero del despacho, pero no por eso vamos a dejar de comerciar ni a decir en que florero está puesto nuestro micrófono. Molestan las goteras pero debemos reconocer que mejor una gotera dentro que el diluvio fuera. Y todo así. Lo único terrible es el paro, la miseria económica y la miseria moral. Desgraciadamente tenemos de todo y por eso nos resulta tan difícil dormir una improductiva pero hermosa siesta. Ni siquiera dar una reparadora cabezadita.

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