Fermín Bocos – Cinismo ante la corrupción


MADRID, 02 (OTR/PRESS)

El «caso Bárcenas» envenena los sueños de la cúpula del Partido Popular. Hay dirigentes que, como Arantxa Quiroga o Esperanza Aguirre hablan y dicen abiertamente que se sienten avergonzadas por las historias que se van conociendo pero hay otros que, como el propio Presidente del Gobierno, callan y hacen como que el caso no va con ellos.

Es la estrategia del «ya escampará». Una táctica que en otros registros le ha dado buenos resultados a Mariano Rajoy pero que en éste asunto es de dudoso pronóstico porque desde el momento en el que Luis Bárcenas entró en la cárcel hay una variable que ya no controla. Un hombre en prisión es una bomba en potencia; un artefacto que puede estallar en cualquier momento en forma de confesión para obtener mejor trato judicial o porque sintiéndose abandonado -a la manera de Sansón-, decida llevarse consigo a unos cuantos filisteos. Qué Mariano Rajoy, y con él algunos de los dirigentes veteranos del PP -empezando por Javier Arenas- finjan no estar preocupados por la suerte carcelaria de quien hasta hace seis meses estaba en nómina y era el tesorero del partido, es una forma de dar cuerpo a una práctica muy extendida entre la clase política nacional. Me refiero al cinismo. Porque cínico es decir hace cinco meses -palabras textuales de Mariano Rajoy- que «Nadie podría demostrar que Bárcenas no es inocente» y trasladar hoy, con displicencia, a la opinión pública que no están preocupados por el caso y sus presumibles salpicaduras. Las judiciales, están por ver puesto que dependen de las no improbables revelaciones de Bárcenas acerca del origen y propiedad del dinero guardado en las cuentas suizas cifradas.

Las consecuencias políticas están a la vista de todos: el personal, a través de las encuestas, hace saber que su hartazgo ante los casos de corrupción es mayúsculo y que la desconfianza hacia los políticos se ha generalizado. Hartazgo y desconfianza que se refleja en un retraimiento de los ciudadanos a la hora de manifestar su intención de voto. Según los últimos sondeos, el PP habría perdido el favor de más de un tercio de sus potenciales electores. No es consuelo, todo lo contrario, que el PSOE esté en parecida o peor situación vista la forma en la que algunos dirigentes del partido -Griñán en cabeza-, hacen como que el asunto de los ERES de Andalucía no va con ellos. Es otro ejemplo de esa tendencia al cinismo que, como digo, caracteriza a buena parte de nuestros políticos. Cinismo que acabará pasándoles factura en las urnas y, en algún caso, puede que también en los tribunales. Al tiempo.

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