Francisco Muro de Iscar – Misión de la Universidad.


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Decía Ortega y Gasset hace muchas décadas en su apasionante «Misión de la Universidad» que «la enseñanza superior consiste en profesionalismo e investigación» o, dicho de otra manera en formar abogados, profesores, capacitados para ejercer su profesión, y juristas, investigadores, filósofos que tengan en la ciencia su meta y su objetivo. Ortega hablaba de los nuevos bárbaros que salían de la Universidad, personas incultas, insuficientemente formadas. Si Ortega viviera hoy, tal vez escribiría otro tratado llamado «Perversión de la Universidad», una institución fascinante que pese a estar cada día más alejada de la realidad social y más de espaldas a las necesidades de esa sociedad, suscita entre los ciudadanos una apetencia que no se corresponde para nada con lo que ofrece realmente en el presente y para el futuro.

La Universidad se ha democratizado en los últimos cuarenta años y hoy el millón y medio de universitarios que acuden a sus aulas -lo de estudiar es otra cosa- son de todas las clases sociales. Pero la Universidad no forma profesionales, cada día menos y su actividad investigadora es limitada. Hay algunos que lo hacen excelentemente y una mayoría que hace poco y mal. Mientras el acceso a la Universidad -con las últimas subidas incluidas- es accesible para casi todos, aunque, por esencia, sólo lo debería ser para los más preparados y para los que responden con su rendimiento, la ciencia sigue siendo el pariente pobre, desatendido y maltratado por todos los Gobiernos Pero, como decía Ortega, para cambiar la Universidad hay que saber y definir cuál es su misión. ¿Alguien sabe cuál es hoy la misión de la Universidad que tenemos si no forma profesionales y si no es una Universidad esencialmente científica? Para mí, la Universidad es hoy un aparcamiento político para que no haya más jóvenes en el paro o protestando en las calles.

He tenido contacto reciente con varios profesores universitarios. Uno de ellos contaba que cada año bajan el nivel para que no haya un suspenso general. Otro me decía que hizo un examen a alumnos de Derecho, dejándoles todo tipo de instrumentos electrónicos y que les dio acceso a diversas bases de datos que podían consultar libremente durante un examen no especialmente complicado. El resultado fue penoso. Otro, decía hace unos días en Vigo, que tras Bolonia, se hace imprescindible realizar cursos que enseñen la práctica profesional a los graduados universitarios, porque de otra forma estarán perdidos ellos y las empresas que les contraten. Una profesora de la Universidad Carlos III de Madrid escribe en «Nuestro Tiempo» que «el evidente abandono del uso de la razón para la creación de un criterio personal, las elevadas dosis de indolencia y sedación que el alumno destila» son realmente preocupantes. ¿Becas, matriculas? Vale, pero ¿cuándo vamos a hablar del valor, la misión y la exigencia de la Universidad? El año que viene si Wert quiere.

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